Problemas del comportamiento

Mi perro ha matado a mi gato: causas y qué hacer

 
Eduarda Piamore
Por Eduarda Piamore. 24 abril 2024
Mi perro ha matado a mi gato: causas y qué hacer

Una de las situaciones más traumáticas que podemos vivir cuando compartimos nuestro hogar con peludos y mininos, es presenciar peleas feroces entre ellos o – peor aún – encontrarnos con uno o ambos heridos de gravedad. Si estás pasando por algo similar, puede ser que llegue el punto en el que te preguntas “por qué mi perro ataca a mi gato” o, en los peores casos, “por qué mi perro ha matado a mi gato”.

Para ayudarte en este momento tan delicado hoy en TodoPerros te contamos cuales son las principales causas de esta conducta extrema en nuestros peludos, y también compartimos algunos consejos para evitar que tu perro vuelva a atacar a otros gatos. ¡Sigue leyendo!

Índice
  1. Por qué mi perro ha matado a mi gato
  2. Qué hacer si mi perro ha matado a mi gato
  3. Cómo saber si mi perro quiere atacar a mi otro gato
  4. Cómo evitar que mi perro vuelva a matar a otro gato

Por qué mi perro ha matado a mi gato

No hay una única explicación de por qué tu perro ha atacado a tu gato al punto de matarlo. Ello es así porque las conductas de un perro son influenciadas por múltiples factores internos y externos a su organismo, que van desde su herencia genética hasta problemas de salud que pueden conllevar a un incremento de la agresividad. Pero, a continuación, hablaremos brevemente de las principales causas de peleas entre perros y gatos que viven juntos.

Instinto

Los perros tienen comportamientos instintivos y varios de ellos están relacionados con la caza. En un estado natural, los canes, al igual que los lobos, deberían cazar para alimentarse y asegurar la supervivencia de su manada. Así pues, el hombre ha trabajado, durante siglos, para “adiestrar” – por decirlo de algún modo- el natural instinto cazador de los perros, haciendo que sus habilidades de caza fueran cada vez más funcionales a nuestro estilo de vida. De hecho, gran parte de las razas de perros que conocemos en la actualidad, han sido originalmente creadas y entrenadas, durante siglos, como perros de caza. Por ejemplo, los perros terrier y los bracos, independiente de su talla, fueron creados para la caza de animales en la tierra.

Entonces, “si mi perro ha matado a mi gato, ¿ello se debe a que es un cazador por naturaleza?” No necesariamente, porque el comportamiento de un perro – a nivel individual - depende más de su educación y de las experiencias vividas que puramente de su herencia genética. Pero, cuando un perro no es educado adecuadamente, y principalmente si no ha tenido la oportunidad de socializar desde una temprana edad con los gatos, el instinto de caza puede ser un disparador de ataques.

Mala socialización

La capacidad de un perro de llevarse bien con los gatos depende más de la educación recibida que de los patrones comportamentales asociados al instinto. Para explicarlo de una manera muy sencilla, si un perro no ha tenido contacto con gatos mientras era socializado, y principalmente durante el período crítico de su socialización, que se extiende hasta su tercer o cuarto mes de vida, lo más probable es que no reconozca a los gatos como una “especie amiga”. En consecuencia, son más altas las probabilidades de que este perro acabe interpretando a un gato como una presa a la cual perseguir y atacar.

También es posible que un perro sí haya tenido contacto con gatos durante su socialización, pero han sido negativas en su mayoría le genere estrés, miedo o ansiedad en el perro, motivándolo a reaccionar de forma defensiva u ofensiva para protegerse y/o ahuyentar al gato.

Protección de recursos

¿Por qué mi perro ha matado a mi gato?” es un cuestionamiento que, casi siempre, surge cuando una persona decide compartir su hogar con un peludo y un minino, pero no toma todas las medidas preventivas para asegurarse de que ambos se lleven bien.

También es fundamental garantizar que cada uno tenga sus propios ambientes y recursos. Ello es clave para que tu perro y tu gato no sean obligados a interactuar en contra de su voluntad y para que no vean en el otro un “rival” con el cual necesitan disputar dichos espacios y recursos para asegurar su bienestar.

O sea, cuando un perro y un gato comparten la misma casa, pero la misma no está debidamente acondicionada y enriquecida para que ambos tengan sus propias zonas de descanso, alimentación y eliminación, así como sus propios recursos de entretenimiento y estimulación, es mucho más probable que se produzcan conflictos y peleas relacionados con la protección de recursos y la territorialidad.

“Celos”

Los perros no sienten celos al igual que nosotros, pero nuestra atención, nuestras caricias y los cuidados que proporcionamos son recursos para ellos. Cuando un perro percibe que su acceso a estos recursos es amenazado u obstaculizado por la presencia de otro individuo (por ejemplo, un gato), puede llegar a recurrir a la agresión para conservar sus "posesiones".

Este es otro tipo de protección de recursos, que se manifiesta en relación a la persona de su tutor, y no hacia la comida, los juguetes u otros objetos. En la mayoría de los casos, este problema de conducta se manifiesta cuando el peludo no ha sido correctamente socializado, pero también puede ser el resultado de un trato diferenciado.

Por ejemplo, si solías pasar mucho tiempo con tu perro y lo mimabas siempre que podías, pero, luego de la llegada de tu gato al hogar, empezaste a poner mucha más atención al minino y cambiaste la rutina de interacciones con tu peludo, es muy probable que tu perro entienda que el gato está disputando con él por tu atención y lo rechace o incluso quiera atacarlo ferozmente.

Mala presentación

La falta de un adecuado proceso de presentación dificulta la adaptación de un animal al otro, favoreciendo que uno o ambos interpreten la presencia del otro como una amenaza o un disturbio en en su ambiente y/o rutina.

Cuando ello ocurre, son frecuentes las peleas entre gatos y perros que comparten el mismo hogar y, en casos más extremos, también puede ser la explicación de por qué tu perro ha matado a tu gato.

Mi perro ha matado a mi gato: causas y qué hacer - Por qué mi perro ha matado a mi gato

Qué hacer si mi perro ha matado a mi gato

Lógicamente, lo primero es decidir cómo quieres despedirte de tu gato. En varios países, existe la opción de comunicarse con servicios municipales para solicitar la retirada del cuerpo. No obstante, desde TodoPerros nos parece que una mejor alternativa es entrar en contacto con una funeraria para mascotas para incinerar el cuerpo de tu minino y conservar sus cenizas. Algunos tutores optan por enterrar a sus compañeros en su propio terreno, y puedes evaluar si esta opción es viable para ti y si está permitida en tu región.

Además, es importante que busques saber si, en tu país o región, es obligatorio o recomendable informar el fallecimiento de los animales de compañía registrados y/o identificados con un microchip a las autoridades pertinentes.

Una vez cumplidos estos primeros pasos urgentes después del fallecimiento de tu minino, aunque necesitarás tiempo para recuperarte y transitar el proceso de duelo, deberás encontrar fuerzas para dedicarte a tu peludo, que aún te necesita y que sigue estando allí para ti.

Como vimos, si bien la explicación de por qué tu perro ha matado a tu gato puede estar relacionada con el instinto de caza, somos nosotros, sus tutores, los responsables de brindar a nuestros peludos la educación y los recursos más apropiados para que sus comportamientos instintivos no comprometan sus interacciones con otros individuos ni la buena convivencia en nuestro hogar. Ello puede parecer complejo, pero, en el último apartado, compartiremos una serie de consejos de cómo evitar que tu perro vuelva a matar a otro gato.

En este artículo te hablamos de "Qué pasa cuando un gato muere en casa".

Mi perro ha matado a mi gato: causas y qué hacer - Qué hacer si mi perro ha matado a mi gato

Cómo saber si mi perro quiere atacar a mi otro gato

Si tu perro ha matado a tu gato y tienes otros en casa, ciertamente te preguntas cómo evitar que se produzcan nuevos ataques o - peor aún – nuevas muertes. Lo primero que necesitas tener en mente es que, raras veces, los perros atacan o muerden “de la nada”. Todo lo contrario: generalmente, emiten una serie de señales a través de su lenguaje corporal, que indican que están molestos, incómodos o estresados en ciertas circunstancias. Entonces, la forma más eficiente de saber si tu perro quiere atacar a tu otro gato, es poner atención a la postura y los gestos o acciones de tu peludo.

Por ejemplo, las llamadas “señales de calma”, como relamerse, girar la cabeza, pegar las orejas en la cabeza, bostezar, entre otras, suelen ser el primer recurso al que los perros recurren para evitar conflictos con otros individuos, cuando su presencia o algo más en su entorno les hace sentir mal.

Pero, si las fuentes de estrés, miedo o incomodidad siguen presentes en el ambiente del perro, lo más probable es que las señales de calma “evolucionen” hacia una postura defensiva o directamente ofensiva. Veamos, a continuación, cómo identificar cada una de estas situaciones:

  • Postura defensiva: indica que el perro se siente muy incómodo o amenazado y se prepara para defenderse. Sus extremidades están rígidas y el pelo erizado. También se perciben evidentes señales de alerta, como gruñidos, ladridos rápidos y constantes (sin pausas), y la acción de enseñar los dientes.
  • Perro con postura ofensiva: indica que el perro se prepara para atacar. En este caso, sus extremidades estarán mucho más tiesas y rígidas, y las señales de alerta serán más intensas. Los ladridos se vuelven más fuertes y cortos, mientras que el hocico suele verse arrugado.

Si tu perro muestra cualquiera de estos signos cuando está en presencia de tu gato, o cada vez que tú te acercas a tu minino, debes poner la máxima atención, pues es muy probable que se avecine un ataque del que uno o ambos pueden salir gravemente heridos.

Cómo evitar que mi perro vuelva a matar a otro gato

Si tu perro ha atacado o matado a un gato, es importante actuar para evitar que vuelva a hacerlo y para mejorar su comportamiento en general. Para ello, ahora te explicamos cómo evitar que mi perro vuelva a matar a otro gato:

Buscar ayuda de un veterinario etólogo

Si tu perro tiene un historial de violencia, ha sido entrenado para actividades específicas, como la caza o las peleas, o si percibes que tu perro es agresivo con tus gatos, con otros perros o incluso con personas, es fundamental acudir a un veterinario etólogo. Este profesional podrá descartar causas patológicas asociadas al incremento de la agresividad y evaluar las señales comportamentales que pueden conducir a la identificación de la causa de las alteraciones de conducta de tu peludo y el establecimiento de pautas de tratamiento compatibles con sus necesidades.

Socialización y educación

Trabaja en la socialización y educación de tu perro para que tenga un comportamiento más estable y confiable ante diferentes individuos, entornos y estímulos. La socialización es un proceso continuo que dura toda la vida del can. Por un lado, ello significa que es totalmente posible y muy recomendable socializar a los perros cachorros y adultos.

Por otro lado, supone que la socialización del perro no termina cuando se inicia la edad adulta, sino que es importante seguir presentando nuestros peludos a diferentes individuos durante toda su vida, siempre asegurándonos de que estas interacciones sean positivas y seguras para todos los involucrados.

Optimiza la rutina de ejercicios y estimulación mental

Un perro con rutina sedentaria y ambiente empobrecido es más propenso a estresarse y tener problemas de comportamiento. Esto se manifiesta con conductas destructivas o inapropiadas, como orinar dentro de casa o revirar la basura, y, en casos más extremos, de síntomas de agresividad que pueden ser redirigidos hacia cualquier individuo de su entorno. Para lograr optimizar sus rutinas, te recomendamos:

  • Revisa su rutina de paseos: para asegurarte de que gasta suficiente energía.
  • Dale un buen enriquecimiento ambiental: para que tu perro también pueda mantener activos su cuerpo y su mente cuando esté dentro de casa e incluso cuando necesite quedarse solo. Aquí la clave es sumar a los espacios de tu peludo juguetes tradicionales e interactivos, así como una buena variedad de estímulos sensoriales que le despierten curiosidad, lo motiven y lo entretengan.

Además, será crucial que dediques algo de tiempo cada día para jugar con tu perro y expresarle tu afecto. Más allá de estimular su inteligencia y las ganas de moverse, estos momentos compartidos son clave para afianzar vuestro vínculo.

Presenta tu perro al gato correctamente

Las primeras interacciones de tu perro y tu gato deberían producirse en un ambiente neutral, precisamente para evitar la manifestación de conductas relacionadas con la territorialidad y la protección de recursos. La convivencia en el mismo hogar solo debería empezar después de que se muestren tranquilos en la presencia uno del otro.

Algunas recomendaciones son:

  • No obligar al perro a interactuar.
  • No dividir el mismo espacio con un gato, y lo contrario también es válido.
  • Crear condiciones propicias: para que ambos se sientan seguros y curiosos por explorar su entorno. Por ejemplo, enriqueciendo el ambiente, proponiéndoles juegos de inteligencia y recompensándolos por sus buenas conductas.

Ahora, en caso de que tu perro haya matado a tu gato y sigue mostrándose agresivo con tus otros mininos, lo mejor será separarlos por un tiempo. Si tienes a un familiar o amigo que pueda cuidar de tu gato por algunos días o semanas, ello sería perfecto para que tengas la oportunidad de volver a presentar a tu perro a su compañero felino, evitando conflictos en el futuro.

Pero, si esta opción no es viable para ti en este momento, puedes instalar en tu casa una puerta, valla o red de seguridad, para limitar las interacciones de tu perro con tu gato. La idea es crear una barrera física entre los animales, que impida que el can pueda ingresar al mismo espacio que el minino, principalmente cuando no estés en casa. Igualmente, esta es una medida paliativa y temporaria, cuyo único propósito es que puedas hacer que tu perro se adapte progresivamente a tu gato (y viceversa), sin el riesgo de que existan peleas durante este proceso.

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