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El pasado viernes 25 de mayo mi perrita Lara acudió al hospital veterinario a eso de las 8.30 de la tarde.
Se había encontrado todo el día con vómitos (a veces acompañando de espuma blanca) y diarreas (muy pocas heces pero gran cantidad de sangre líquida) con sangre.
En el hospital la examinaron y como estaba diagnosticada de leishmania desde hacía bastantes años (aunque la enfermedad se encontraba totalmente bajo control y no se apreciaba ningún signo visible) decidieron realizarle una analítica con hemograma incluido, la cual, supuestamente, salió en perfectas condiciones.
Dividieron pues inyectarle 4 tipos de medicinas y vitaminas, entre ellas vitamina K.
Me dieron también dos jarabes para la mañana siguiente.
Salimos del hospital a las 10 y poco de la noche con la tranquilidad que nos habían afirmado y transmitido, teniendo que acudir al día siguiente para reconocer sus mejorías.
A las 7 de la mañana del sábado, Lara había tenido repetidos vómitos y diarreas de las mismas características, pensaba que podía ser algo normal ya que el doctor me afirmó que era algo normal y que tenía que expulsar al completo lo que había podido sentarle mal.
A las 8.30 de la mañana, cuando le tocaba la medicina, no podía ni abrir la boca para tomarlas.
A las 9 de la mañana había muerto desangrada.
Negligencia ?
Necesito una segunda opinión de profesionales