Por Leonoret
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El sábado un american staffor mato a mi teckel Leo.

Leo era mi amigo, mi colega, mi alegría, mi compañerito, era todo para mí.

A las nueve de la noche del sábado, en el jardín de la puerta de mi casa en Valencia, estábamos paseando a nuestros perros, mi teckel Leo y Sara una bulldog Inglesa, cuando el estaba olisqueando entre la hierba a 20 metros de nosotros, como cada día de sus 9 años de vida. El destino quiso que un inconsciente se encontrara con otro inconsciente impresentable que llevaba a su pitbull suelto y los perrotes empezaron a jugar fuera del jardín. El estupido del pit le dijo al subnormal del american que lo soltara para jugar y así lo hizo.

En el momento que el american se vio suelto, comenzó a correr cara al teckel y lo cazó como a una rata, sin mediar palabra y sin tiempo de reacción para nadie y sin que Leo viera lo que se le venía encima.

Cogió a Leo en sus fauces del pecho, eso no era ir a jugar, era ir a matar. Leo chilló mi marido salto el seto y cuando le pudieron quitar al monstruo de encima Leo tenía el pecho destrozado.

Lo recogimos y salimos corriendo al veterinario de urgencia, Leo llegó con vida, el aire se le escapaba por el agujero que tenía en el pecho, el crepitar de los pulmones y el burbujear de la sangre era constante.

En cinco minutos estábamos en la clínica, el veterinario lo examinó y dijo que no había nada que hacer, pero que íbamos intentar operarlo. Como era de guardia y estaba solo fui con el a quirofano para poderlo ayudar con la intervención. Anestesiamos a Leo, lo Intubamos, y empezó a intentar coser los destrozos: por el agujero se le veía el corazoncito palpitando, el pulmón estaba literalmente molido, todas las costilla las tenia partidas no se sabía cual encajaba con cual y donde estaban los pedazos que faltaban, al coser se desgarraban los músculos, era como si le hubiesen metido el pecho en una picadora de carne. De pronto el corazón dejó de latir, las salvajes heridas eran incompatibles con la vida.

Allí se quedo mi amigo, como un juguete roto, como un trapito desmadejado, herido, ensangrentado...

El veterinario, que no pudo hacer más, nos dejó un ratito con él, le quite el tubo de la boca, le tapé el agujero con unas gasas y esparadrapo del quirófano, lo envolví en su toalla y allí se quedó.

No sabéis la amargura que nos ha dejado, el vacío, el desamparo... Nos parece oír sus pisaditas, ver su sombra, abrimos la puerta y esperamos su recibimiento, su alegría, sus mimos y es que Leo era un perro feliz y nosotros eramos felices con él.

Mientras corríamos al hospital se quedó con el perro "asesino" y su dueño una de nuestras amigas de nuestra manada -nosotros y nuestros perros no somos amigos, somos manada- a ella, a modo de disculpa el dueño del american le confesó, que era una pena, que el perro se lo había comprado al hijo, que aun no tenía seguro, que tenía en trámite la licencia, que el registro en el ayuntamiento no lo había hecho porque le faltaba no se qué, el perro iba suelto y sin bozal, pero que el se haría cargo de los gastos ocasionados.

El se cree que con 189 euros que cobró el veterinario me voy a quedar conforme?? Que tiene alguna manera de reparar lo ocurrido?? Yo no quiero su sucio dinero, yo quiero a mi Leo.

Ayer, unos buenos amigos, que tienen un pitbull, me contaron que conocen al perro, que mas de una vez le han dicho al tío que ese perro no estaba bien, que necesitaba más ejercicio, que era excesivamente nervioso por la falta de actividad y la vida en un piso, que cuando lo soltaba los demás le tenían miedo por lo violento de sus juegos. Y aun así lo suelta "para que juegue" en un parque que siempre hay niños y "perritos"?? Eso es inconsciencia....

Por favor, cuidar a vuestros teckels.

A muchos de vosotros ya os conozco, aunque hace tiempo que no escribía.