educar a los cachorros

¿Vamos al colegio?

Cuando Truco cumpla los diez meses estará rondando su fase escolar y es imprescindible enseñarle las lecciones básicas en este momento en el que su adolescencia, va tocando a su fin.

Lógicamente, la convivencia diaria que el lector habrá tenido con él, habrán conformado ya un buen número de patrones de conducta que estarán “grabados a fuego” en su comportamiento.

Si no nos hemos equivocado en el establecimiento de las jerarquías, hemos desarrollado su instinto de caza y marcado las normas básicas de convivencia, casi todo el camino de la educación estará recorrido. Ahora llega el momento de pulir su conducta, de adaptarla a nuestras necesidades y sobre todo, de convertirlo en un miembro más de la manada.

Hasta ahora, nuestro amigo no ha sido forzado a hacer lo que no quería, se le ha dejado en paz y le hemos dado el juego y la diversión a cambio de nada. A partir de este momento, no debe correr detrás de los gatos, debe permanecer junto a su dueño sentado o en pie, andar sin tirar de la correa y un montón de etcéteras a los que el buen Truco, ni está acostumbrado ni se quiere acostumbrar.

Cada vez que decido educar o adiestrar a uno de mis perros, recuerdo el primer día en el que mis padres me llevaron al colegio. Allí había muchos niños, distracciones, gente amable que me hablaba en tono cariñoso y hasta profesores que me ofrecían golosinas. Todo eso estaba muy bien pero, a mi corta edad, yo sabía que se me acababa en ese momento lo que más me gustaba, esto es, hacer lo que me daba la gana en mi casa.

Mis lloros y súplicas no parecían conmover a mis padres que me dejaron en manos de los Maristas hasta, que pasados trece años, me recuperaron para enviarme a la Universidad. Allí empecé de nuevo hasta que me licencié para no acabar nunca de estudiar y trabajar.

Muchos han sido los profesores que me han obligado a estudiar desde aquel día pero, de ninguno tengo ahora tan buen recuerdo, como del que me enseñó a leer, el Hermano Crispín, extraordinaria persona y excelente maestro.

Yo he seguido este mismo ritual de información académica con mis hijos y, por supuesto, con mis perros. Con los primeros porque debemos enseñarle a buscarse la vida, a los segundos, porque no hay nada peor que convivir con un animal mal educado.

En España, como en todos los países, hay leyes que nos obligan a los dueños a mantener a los animales domésticos en condiciones adecuadas de salud e higiene. En ellas, no se habla de que se eduque o adiestre al animal como objetivo fundamental de tenencia pero si hay artículos en los que se prohíbe el adiestramiento en disciplinas en las que la agresividad sea un factor preponderante. Estos adiestramientos deben ser llevados a cabo en instituciones estatales de Defensa, Policía o cualquier otro estamento autorizado.

Por otro lado, estos artículos van dirigidos a todos los dueños de simpáticos canes que no tienen que ser adiestrados en ninguna disciplina civil o deportiva sino en la convivencia sana y beneficiosa para toda la familia, incluidos ellos.

No son ni pretenden ser un manual de adiestramiento encaminado a la consecución de fines de trabajo deportivo. Tampoco son un compendio del célebre libro Adiestre a su perro en doce sesiones tan famoso en todas las editoriales caninas. Solamente pretendo con ellos, el que usted amable lector, comprenda el verdadero valor de tener como aliado a un individuo de una especie distinta que está dispuesto a compartir tristezas y alegrías con su amigo.

¿Por qué debo adiestrar o educar a mi perro?

Hace pocos meses, mientras paseaba con mi viejo Roco por la urbanización donde vivo, me encontré un perro de raza desconocida y tamaño pequeño que trataba de impresionar al mío con toda su parafernalia de comunicaciones deshonestas. Iba suelto y parecía como si no tuviese dueño. Provocaba constantemente a mi amigo, quién a su vez, me miraba con expresión de comunicarme: ¿Lo escarmiento?, ¿Le doy una buena corrida?. Ambos mantuvimos el tipo durante diez minutos en los cuales el “valiente luchador” llegó hasta mordisquear el jarrete de mi buen Roco.

Tal fue su desfachatez que decidí otorgar el derecho de “impresionar” al viejo semental. Consciente de que mi perro jamás ha llegado al acto final en ninguna de sus peleas, liberé dos metros su correa. En pocos segundos el guerrero rodó como una pelota para terminar chillando y ofreciendo sus partes blandas al vencedor. Cuando el viejo se reunió conmigo, el perrillo gritando como alma que lleva el diablo, se refugió en un chalet cercano del que salió una señora de mediana edad hecha un basilisco. Revisaba a su perro mientras me increpaba por ser poseedor de tamaño “asesino”.

educar un perroCuando constató que su animal no había sufrido mas herida que la infligida a su dignidad, comenzó a tranquilizarse y contarme el motivo de que su perro estuviese suelto por la calle. ¿Cómo iba ella a obligar a su compañero a sufrir tal vejación? ¿Acaso me gustaría a mí que me pusiesen una correa al cuello para salir a pasear?.

Tan solo treinta días después esta señora, que ahora busca nuestra presencia a la hora del paseo, es dueña de un excelente perrillo educado, que sale con su correa y collar, no trata de impresionar a mi perro ni asustar a los niños y ha pasado de ser un “temible guerrero” a un buen contertulio. ¿Milagro? ¡No! Educación.

Fue difícil la tarea de convencer a su dueña de que su animal no era humano y, que aún siéndolo, debería ser educado en la convivencia como lo fueron sus propios hijos. Al final, aceptó y lo hizo.

La moraleja de este cuento es que nuestro animal debe ser una continuación y reflejo de los valores cívicos de su dueño y para ello, es imprescindible educarlo o adiestrarlo.

¿Educación o adiestramiento?

Aunque parecidos, son dos conceptos distintos y encaminados a mejorar el comportamiento del perro cara a la convivencia con los humanos y con otros perros.

Así, la educación consiste en instaurar en la mente de nuestro amigo una serie de parámetros de conducta amplios y de ejecución poco precisa pero necesaria. El adiestramiento, por otro lado es un proceso por el que canalizamos las aptitudes innatas del perro para la consecución de un objetivo mas o menos complejo.

En términos coloquiales, podemos distinguir estos conceptos por medio de un sencillo ejemplo: el perro educado sabe que debe echarse en el suelo y siempre en el mismo sitio, cuando tiene que dormir. El adiestrado realizará este mismo ejercicio, en cualquier sitio, mediante una orden y mantendrá esta postura pase lo que pase, hasta que su guía lo libere de ella.

Otro ejemplo: el perro educado orina en cualquier lugar en el que su dueño le haya indicado desde que era cachorro. El adiestrado llega a hacerlo en cualquier sitio y a la orden de ¡Pipí! aunque no tenga ganas.

Como verá el lector, son dos procesos muy distintos aunque relacionados. Es algo así como llevar al niño a la escuela primaria mientras los padres lo formamos (educación) y llevarlo a la Universidad para formarlo en una especialidad (adiestramiento). Todos sabemos construir un canal de riego dentro de nuestra parcela pero, para construir un trasvase hace falta un ingeniero.

En cuanto al profesorado de educación y el de adiestramiento también hay diferencias sustanciales. Para enseñar a hablar, leer y escribir a nuestro hijo, cualquier padre está capacitado pero, para hacerlo ingeniero hacen falta otros ingenieros especialistas. Así, para que usted eduque a su perro solo le hacen falta ganas de hacerlo pero para adiestrarlo, o se hace adiestrador y estudia, o destroza a su amigo o se pone en manos de un profesional cualificado.

Estos artículos pretenden ilustrar al lector medio que tiene un perro “normal” y del que no vamos a exigir mas que un comportamiento “normal” y seguro. En nuestra Asociación y, para conseguir el título de Adiestrador, se requiere un curso oficial de trescientas cincuenta horas impartido por nueve profesores especialistas en todo lo relativo al mundo del perro, desde Etología Aplicada a Veterinaria y desde Legislación, a Nutrición.

También debo decir que, los mejores adiestradores de nuestros perros, somos nosotros mismos. Para adiestrar a un animal hay que forzarle a hacer cosas que él no quiere y esa presión, es mejor aceptada cuando viene del líder que de otro humano extraño al territorio o a la manada.

El problema, como decía, se presenta cuando nosotros no estamos en condiciones de adiestrar correctamente sin echar por tierra hasta la educación que hemos mantenido desde aquel buen día en el que Truco entró en nuestra casa.

La profesión de adiestrador es tan compleja como cualquier otra o, si me apuran, más. Tengamos en cuenta que jugamos con un ser vivo, con sus propios patrones de conducta, con un territorio en el que está nuestra familia, con nuestra seguridad y sobre todo, con un animal que no desea ser adiestrado.

Estoy totalmente en contra de activar y desarrollar el instinto de defensa y agresión en perros que viven felices, en familias tranquilas y sin problemas de seguridad. Eso debe quedar para aquellos animales dedicados a labores exclusivas de ese tipo y para adiestradores muy especializados.

Tenga en cuenta el lector que todos los perros muerden (solo es cuestión de presionarlos) y si es necesario, el buen Truco tendrá una reacción defensiva de sus amos o territorio sin necesidad de estimular este instinto.

Muchas son las personas agredidas al cabo del año, en países donde nos llamamos “civilizados”, muchas las razas puestas en el índice de prohibidas y sobre todo, muchos niños mordidos por sus propios perros. ¿Se puede evitar?….¡Claro!, dejando en paz a nuestro Truco y no enseñándole nada más que aquello necesario en su educación, esto es: Líder, manada, jerarquía y territorio.

Si bien es cierto que existen ejemplares tarados, capaces de morder sin motivo a un niño de su familia, me duele reconocer que también hay humanos capaces de acuchillar y arrojar a su propio bebé a un contenedor de basura pero, ni uno ni otro son exponentes de la especie de Truco ni, por supuesto, de la mía.

Este artículo es corto para exponer los factores que deben llevarnos a la decisión meditada de si adiestro o no a mi amigo. En el próximo trataré de enumerarlos.

Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
Diplomado en Estudios Avanzados Universitarios de 3º Ciclo (línea de investigación; comportamiento animal y humano). Asesor y terapeuta en comportamiento animal (título propio de la Universidad de Granada). Estudió Etología en el Departamento de Biología animal y Ecología de la Universidad de Granada. Fue Fundador y Presidente de AEPE (Asociación Para el Estudio del Perro y su Entorno). Autor de cientos de artículos, y de los libros "En los Bancales del Sur", "HUTA" y "La Etología del Perro".
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