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| Año 5 - Número 46 |
Publicación gratuita de www.TodoPerros.com
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ISSN 1667 - 3336 |
En esta edición...
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Estimados amigos, Comenzamos este número presentando a una nueva colaboradora. Se trata de Rosana Álvarez Bueno, veterinaria especializada en Etología, quien desde hace varios años se dedica casi exclusivamente al estudio del comportamiento canino y cuyo primer artículo sobre terapias de conducta incluímos en este mismo número. Esperamos que los artículos les parezcan útiles e interesantes, y los invitamos a plantear cualquier duda en nuestros foros: http://www.todoperros.com/phorum
Hemos creado una página donde a partir de esta semana publicaremos los libros seleccionados en cada número. Podrán consultar nuestra selección de libros aquí: http://www.todoperros.com/libros.php
Antes de despedirnos, le invitamos a re-enviar esta revista electrónica a sus amistades, y agradecemos una vez más la deferencia de recibirnos cada edición. Feliz lectura, y hasta el próximo número.
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Colaboración de "Julia" - Alicante - ESPAÑA
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Para leer los artículos precedentes de esta misma serie, haga click [ AQUÍ ] En el capítulo anterior hablamos de la forma de identificar y conocer la incidencia de ciertas enfermedades hereditarias en las distintas razas o en ciertos pools genéticos. Ahora es llegado el momento de aprender algo más sobre la forma de herencia y transmisión de algunas de esas enfermedades que tanta zozobra pueden llegar a causar al Criador responsable y preocupado de evitarlas en su Programa de Cría. Para empezar tengo que hacer una advertencia al lector y es que, desgraciadamente, no siempre resulta fácil aseverar que tal o cual tara o enfermedad provenga directamente de la herencia en sí misma y no sea el resultado de una condición adquirida a lo largo de la vida del animal. Por citar un ejemplo muy válido y relativamente común tenemos que un cachorro que en el momento de su cesión de propiedad presenta dos testículos perfectamente descendidos en el escroto, unos días o semanas después se convierte en criptórquido (presenta la ausencia de uno o de ambos testículos), simplemente debido a un factor puramente medioambiental como pueda ser el estrés motivado por el cambio de casa, de ambiente, de vida, de situación. Y ello porque el o los testículos se retraen en un momento dado y al enredarse con el cordón espermático se quedan “atascados” y no vuelven a su posición normal. Pues bien, en este caso tenemos que la criptorquídea, tantas veces hereditaria, no ha sido el resultado de un gen determinante sino de una situación concreta que ha producido el problema. No se trata pues en tal caso de una criptorquídea atribuible a la herencia genética ni a una tara como tal, sino a unas circunstancias bien distintas. Esto mismo puede ocurrir si por ejemplo a la edad de tres o cuatro años un animal que hasta ese momento estaba perfectamente sano y no presentaba sintomatología específica alguna, desarrolla una insuficiencia cardiaca determinada. Obviamente si a la edad de seis o siete semanas cuando fue inspeccionado por el Veterinario responsable no se detectó en ningún caso la presencia de un rumor cardíaco ni antes ni posteriormente tampoco, cabe pensar que la condición no es heredada sino adquirida por circunstancias ajenas a la genética en sí misma. Ya vemos pues cuán importante resulta para el Criador responsable, que sus veterinarios practiquen un exhaustivo estudio a cada uno de sus cachorros desde el momento mismo del nacimiento y un seguimiento de sus condiciones de salud a lo largo del tiempo que permanecen bajo su tutela, dado que esa información puede resultar en el futuro esencial para entrar a valorar si tal o cual condición que puedan aparecer posteriormente tiene o no tiene una base genética y heredada. Cuando esto no ocurre, la falta de información puede enmascarar y equivocar un diagnóstico y modificar la presunción de las causas para tal o cual problema. Queda pues perfectamente claro que el control y la erradicación de muchas de las posibles enfermedades de transmisión genética se ha de basar en la habilidad para detectar y diagnosticar tal o cual tara o enfermedad lo más tempranamente posible de una parte y, de otra, en el conocimiento profundo de sus posibles formas de transmisión y herencia. Así de simple y así de complicado. Lo curioso del caso es que cuando una persona interesada en conocer qué enfermedades y taras pueden ser atribuibles a factores de herencia, estudia los listados que ya están disponibles y que supuestamente aclaran estos extremos, se encuentra con que -en una gran mayoría de casos-, tales enfermedades o taras cuando son descritas no incluyen el modo de herencia, es decir no hablan de si se trata de un gen dominante o recesivo. Y ello porque tal información todavía no ha podido ser contrastada al cien por cien y a veces, muchas veces, se determinada su factor de “herencia” en base al estudio poco documentado y basado en unos pocos ejemplares emparentados entre sí (a veces no llegan siquiera a la decena) dentro de una raza concreta y poco más. Y es que para que se pueda afirmar con rotundidad que tal o cual problema tiene realmente una razón de ser basada en la transmisión familiar o racial, necesariamente han de concurrir y entrar a ser valorados toda una serie de factores más allá de los propiamente medioambientales y circunstanciales (los que determinarían que su razón de ser es puramente adquirida), hay que poder confirmar que exista una ligazón por razón de sexo, una co-dominancia, una penetrancia y una expresividad variables y ¡ay!, ahí está el quid de la cuestión. Muchos de los genes que concurren en la aparición de tal o cual tara, defecto o enfermedad transmisible genéticamente son recesivos y por lo tanto no fáciles de desenmascarar y poner al descubierto, lo que no hace más que complicar significativamente las cosas. Las buenas noticias son que si en algunos casos –desgraciadamente los menos- se consigue identificar a los ejemplares portadores de tales genes recesivos y se les elimina de los Programas de Cría afectados, entonces la corrección del problema se produce con relativa facilidad y rapidez, tal y como ocurre cuando el gen implicado es dominante y fácil de “detectar” por tanto.
También resulta interesante tener en cuenta que siempre que se produzca un desorden genético de cierta importancia, el gen que lo cause será el mismo para todas las razas y por lo tanto, conocido éste, resulta más fácil identificar su presencia no en una raza concreta sino en todas. Sin embargo y esto es lo que acaba de dar al traste con la fe ciega de muchos, no es menos cierto que en demasiadas ocasiones una expresión genotípica idéntica no siempre implica una mutación igualmente idéntica y el modo de transmisión puede variar sustancialmente de una condición a otra… o sea que esta es la pescadilla que se muerde la cola. Y, curiosamente, es también lo que hace si cabe más apasionante la Crianza y también lo que hace de ella un auténtico Arte. Hay que ser muy tenaz y perseverar suficientemente para no dejarse llevar por el desaliento cuando uno se encuentra frente a frente con una duda sobre si una distiquiasis o un entropión, por ejemplo, o alguna de las posibles formas de diabetes, por citar otro ejemplo, de aparición tardía en un individuo son el resultado de la herencia propiamente dicha o, por el contrario, la consecuencia de una situación o circunstancia ajena a los genes propiamente dichos… Para leer los artículos precedentes de esta misma serie, haga click [ AQUÍ ]
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Para leer otros artículos del autor, haga click [ AQUI ] Les comentaba en un artículo anterior que nuestro perro, nuestro querido amigo, comenzó su andadura como animal domesticado hace unos 15. 000 años, en el Este asiático y procedente de muy pocos lobos. Para entender por qué fue precisamente el perro el primer animal domesticado por el hombre necesitamos aclarar y definir algunos conceptos. Animales domésticos son aquellos que se conservan, mantienen y alimentan en el territorio humano y que son utilizados en beneficio propio. El hecho de convertir una especie salvaje en animal doméstico implica una doble vertiente. Por un lado, el animal debe poseer preadaptaciones y potencialidades adecuadas para la domesticación y por otro, el humano debe tener el suficiente interés en su uso. Para evaluar la adecuación de la forma salvaje a la domesticación, se requiere un conocimiento preciso de los aspectos de cada especie de animal doméstico (Hemmer, 1983). En los albores de la civilización el hombre probó a domesticar muchas especies sin éxito. Algunas no se reproducían en cautiverio, como era el caso de los guepardos y otras aunque, tuvieran preadaptaciones, no le servían para nada. Es por ello que, partiendo de la base de que el lobo tenía esas cualidades y que además “servía” como especie simbiótica, el humano decidió domesticarlo. Pero antes de hablar de domesticación debemos discernir entre domesticación, domesticado y adiestramiento o doma. Según Darwin en 1859, “la domesticación es más que domesticar” y la diferencia entre los términos; “domesticar” y “domesticado” se muestra evidente en la versión inglesa (“domestication” y “tame”) pero no así en la española. El término “domesticado” se refiere a individuos más o menos dóciles relacionados con el hombre pero cuya reproducción no es intencionadamente selectiva, mientras el término “doméstico” hace referencia a aquellos animales que, mediante la directa selección del hombre, han adquirido determinadas características morfológicas, fisiológicas, comportamentales y genéticas diferentes a las que tenían sus progenitores salvajes (Matiello, 1998). Sin embargo, Los términos: “adiestramiento, “amaestramiento” o “doma” sugieren un proceso por el que el hombre canalizaría las cualidades de un espécimen hacia la consecución de un objetivo concreto (Pozuelos et al, 2002). Nos encontramos, entonces, a nuestro buen Truco domesticado y convertido en algo que ya no se parece tanto a lo que originariamente fue. Por más que nos empeñemos en pensar que una raza nórdica está en el mismo punto de la escala filogenética que sus progenitores los lobos, nos equivocamos de todas, todas. Los que piensan que los lobos tienen los mismos patrones de conductas de los perros, están tan equivocados como los que olvidan que estos últimos proceden de los primeros y los que pretendiesen tratar a un lobo como a Truco serían unos inconscientes.
Nos encontramos así con dos especies que, aunque de la misma familia, se van pareciendo cada vez menos aunque dos caracteres les siguen uniendo; su posibilidad de hibridación y el mantenimiento intacto de sus estructuras jerárquicas. La diversidad fenotípica debido al factor racial, la diversidad conductual, la adaptación a nuevos y distintos nichos tróficos y por supuesto, la neotenia, han convertido al buen lobo chino en un diminuto Chihuahua o en flemático Mastín español. Una pregunta que me suelen hacer los alumnos, llegados a este punto, es: ¿Existe en nuestro perro, la posibilidad del proceso contrario a la domesticación? ¿Podría volver a adaptarse Truco al ecosistema de su abuelo Akela? En el proceso contrario a la domesticación, es decir, en el de readaptación a la vida salvaje, la selección natural actuaría favoreciendo el desarrollo de aquellas características todavía existentes en el genotipo de las formas domésticas y que son útiles para la vida en estado libre, y eliminando en cambio a los individuos portadores de características no idóneas. Es por ello que el proceso de readaptación a la vida salvaje, es posible como se confirma en varias especies domésticas introducidas en Australia y en Nueva Zelanda (Matiello, 1998). Hoy por hoy y en el estadio evolutivo en que se encuentra la especie de Truco, la comparación con la forma salvaje nos revelaría estas interesantes diferencias comportamentales descritas por N. Timbergen como Merk Welt y posteriormente enunciadas por Hemmer. Truco no otorga cuidados parentales. Es normal que nuestro macho de perro no quiera saber nada de hijos que posiblemente no sean suyos. La certeza de paternidad la pierde el perro doméstico cuando pasa de monógamo, como el lobo, a promiscuo. Así una perra incluso puede tener hijos de distintos machos cosa que, por supuesto, nunca se dará en el lobo como norma. Tiene una menor preparación en la conducta de fuga y sus reacciones generales de emergencia son más débiles. Es tremendamente difícil acercarse a un lobo sin que este inicie una precipitada huída. Esta huida es una conducta muy utilizada por la forma salvaje como respuesta a cualquier forma de estresor. Posee una menor actividad global y una distribución de esa actividad más uniforme a lo largo del fotoperiodo. Podríamos calificar a Truco como un “lobo vago”. Es lógico si pensamos en que gran parte de la actividad de sus antepasados se basaba en la obtención de recurso. Truco ya no tiene más que esperar al pienso para satisfacer su necesidad y “triunfar en la cacería”. Los lazos sociales son más difusos a la vez que presenta una compatibilidad social más alta que los lobos. Algunas veces debemos observar durante un rato, una manada de perros en un parque, para tener la plena certeza de no equivocarnos en determinar al Alfa. Sin embargo, con solo observar la relación de una manada de lobos sabremos inmediatamente quien es el auténtico señor feudal. Mantiene una actividad sexual muy intensificada. Lo normal es que cuando una especie tiene fácil el acceso a sus fuentes de recurso comienza a reproducirse. Si a ello unimos la característica mencionada anteriormente de cambio de sistema de emparejamiento, es normal que nuestra Kika llegue a tener hasta tres celos al año frente al solitario y en primavera que presenta la hembra de la especie progenitora. Realmente cuando vemos a lobos criados en cautividad y observamos las “confianzas” que sus cuidadores se toman con ellos, sentimos la tentación de acercarnos y hacer lo mismo. Desde mi propia experiencia les puedo dar un consejo: Con Truco tómense las confianzas que quieran; con sus abuelos, las que ellos les consientan. Para leer otros artículos del autor, haga click [ AQUI ]
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Estimado lector: Me llamo “Cuba”, soy un machote de la raza Labrador, tengo 6 años y soy negro como el carbón. Soy bastante guapo, la verdad sea dicha, pero tengo un pequeño problema: de vez en cuando me como los calcetines. No sé cómo solucionarlo, ¿me pueden ayudar? Para poder solucionar el problema de “Cuba”, usted, estimado lector, tendría primero que cursar una carrera universitaria. Por supuesto, leer mucho sobre los perros y su conducta, es decir, sobre Etología canina. Pasar muchas horas estudiando, trabajando y observando. Sobre todo tener mucha paciencia y ser optimista. Y, por último, saber que con todo y con eso, nunca llegará al límite de su aprendizaje sobre el comportamiento de los perros, porque ellos siempre le sorprenderán. Pues bien, esa persona soy yo y “Cuba” es mi perro. Y así me presento ante ustedes con este artículo, esperando que “hagamos migas” como decimos por aquí, que consigamos congeniar usted y yo, y que aprendan algunas cosas interesantes sobre cómo se solucionan los problemas de comportamiento de nuestros perros. Usted se estará preguntando: “¿cómo es que su perro tiene problemas de conducta?, ¿cómo pretende entonces enseñarnos?” Yo le planteo lo siguiente: ¿es que el hijo de un médico no se resfría?, ¿o el hijo de un dentista no sufre nunca de caries?
Por supuesto que sí pero, siendo un profesional en la materia tendrá más posibilidades de prevenir el problema, identificarlo a tiempo y atajarlo mediante un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado. ¿No está de acuerdo conmigo? Más adelante, cuando hayamos aprendido algo más sobre problemas de comportamiento y sus terapias, les contaré cuál era el caso de Cuba y cómo se solucionó. Desde pequeña quise ser Veterinaria. Tenía muy claro que quería trabajar cerca de los animales. Era uno de esos niños que quieren recoger de la calle a todos los perros abandonados y llevárselos a casa. Más de una vez lo intenté con la consiguiente bronca de mis padres, claro. Sin embargo, no pude disfrutar de mi primer perro hasta que no estuve, se puede decir independizada, en la Facultad y allá por mi primer año de carrera. Era una Cocker dorada, se llamaba “Menta”. La llamamos así porque de pequeña se comía los caramelos de menta que dejábamos a su alcance. Ella fue la que me hizo acercar sin saberlo, a la Etología para comenzar a enseñarme muchas cosas sobre cómo sobreviven los perros en la vida de los humanos. Todavía hoy lo sigue haciendo en mis recuerdos ya que, desde hace casi 3 años, no está conmigo. Pero al terminar los estudios no orienté mis pasos hacia la medicina del comportamiento. Me ocuparon diferentes campos de mi profesión durante unos años hasta que poco a poco, observando a mis pacientes y escuchando a sus propietarios, empecé a interesarme por la clínica del comportamiento. No venían a la consulta para eso, pero me di cuenta de que la gran mayoría de los dueños me contaban sin querer, su caso de comportamiento y los problemas que a diario enfrentaban con sus animales sin saber que también estos conflictos tienen solución: “mi perro se hace pis por todos lados”, “si le intento tocar la comida me muerde”, “cuando llego a casa me la encuentro destrozada”, “mi gato me muerde los tobillos”. Pensé que era hora de intentar poner solución a todo lo relativo al comportamiento canino y a los problemas derivados de la convivencia de perros y personas. Qué conductas podemos esperar que sean normales y cuáles no, todo un mundo por explorar con miles de preguntas y respuestas. Me puse manos a la obra. Y así me encuentro en la actualidad, dedicándome de lleno a la clínica del comportamiento y a las terapias de conducta. ¿Qué podemos considerar un problema de comportamiento? Pues cualquier alteración en la conducta normal de un animal doméstico que pueda provocarle a él, o a otros, una enfermedad o una lesión, que sea peligrosa o simplemente molesta para su propietario. Lógicamente, para saber si una conducta es anormal, primero hay que conocer cuál es la normal, de ahí que sea tan importante el estudio y la observación, y sobre todo no caer en el antropomorfismo, es decir, atribuir a los animales cualidades humanas. Así surge el concepto de “terapias de conducta”. Del análisis de datos de casos presentados en las consultas veterinarias, se llegó a la conclusión que una parte importante del total, entre el 40 y el 80% según el estudio consultado, se refería a casos de comportamiento. Y se vio que estas consultas eran cada vez más frecuentes y que, por tanto, necesitaban de estudio y tratamiento. Sobre todo algunos de estos problemas, como la agresividad, que se convierte en un caso de interés público por los ataques a personas; o la ansiedad por separación, que produce una gran molestia en el propietario por los destrozos y las denuncias de los vecinos. Además, los trastornos de la conducta también aparecen como síntoma, a veces el único, en algunas enfermedades, por lo que se aumenta su importancia. Del estudio de los problemas de comportamiento de los animales domésticos, prevención, diagnóstico y tratamiento (terapias de conducta), se encarga la Etología Clínica Veterinaria. Este término como tal, apareció la primera vez en el British Veterinary Journal en 1969. Desde entonces, esta ciencia, pequeña parte de la Etología General, ha ido en creciente aumento. Anteriormente a la existencia de las terapias de conducta, había dos tratamientos muy extendidos y generalizados, que se barajaban como los únicos para esta serie de trastornos: la castración y la eutanasia. Las estadísticas hablan. Desgraciadamente, la causa de que la mayor parte de perros de menos de un año sean sacrificados o devueltos a residencias o refugios, es un problema de comportamiento que no se ha solucionado, o que ni siquiera se ha diagnosticado. Algunos estudios indican que del total de las eutanasias de perros y gatos, un porcentaje del 12 al 28% son debidas a trastornos del comportamiento. La castración indiscriminada de perros que mostraban cualquier síntoma de alteración de la conducta, es la causa de que actualmente los veterinarios especialistas en este campo, tengamos ganado el indignante apelativo de “castradores”. En particular, y por mi experiencia, considero muy importante como causa de todos estos problemas la falta de información la cual constituiría la mejor prevención de los mismos. Información que no nos dan, o que no pedimos o no sabemos que tenemos que pedir, para una correcta y equilibrada convivencia con nuestros perros, a fin de evitar que surjan problemas. Y aquí es donde quiero poner mi granito de arena, para mostrarle a usted lo que no se le dijo o no se atrevió a preguntar. Afortunadamente puedo decirle, para que no se desanime después de todas estas estadísticas, que los problemas de comportamiento pueden solucionarse en un porcentaje muy elevado de casos. Lo que también tengo que decir, es que esta solución es difícil y es imprescindible tener constancia, paciencia y ganas de solucionar el problema, si no, no conseguiremos nada. Mientras escribo, tengo a mis cuatro amigos perrunos respirando y roncando bajo mis pies, y a mi gato, que indudablemente es el rey de la casa, intentando cazar mis dedos mientras se mueven por el teclado. ¿Se puede decir que esto es harmonía? Seguramente usted, que le gusta la compañía de su perro, estará de acuerdo conmigo en que sí. Y algún otro que tenga un cachorro bailando alrededor y mordiéndole los pantalones mientras lee esto, se estará preguntando cómo se consigue. Con esto pretendía ilustrar lo que decía en el párrafo anterior: hay que tener mucha paciencia, y si no se tiene, aprenderla. Los problemas de comportamiento tienen una terapia específica según de cuál estemos hablando: agresividad, eliminación inadecuada, conducta destructiva, fobias, vocalización excesiva, estereotipias, etc. En general incluyen cuatro posibles métodos:
Lo último que me queda por decir en este artículo de introducción a las terapias de conducta, es que nunca se debe utilizar un único método, sino que dependiendo del problema, habrá que combinar varios para conseguir una respuesta adecuada. Llegados a este punto, los leones se están despertando y mirándome con cara de “deja ya al lector y llévanos a dar una vuelta, que para una introducción ya está bien”. Creo que le haré caso y dejaré que usted juzgue si sigo otro día contándoles algo más. - Gracias a mi profe, gracias a los perros
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| Editores:
Pablo D Carosone - Ramiro Allub Rey Este correo electrónico es enviado únicamente a quienes se han suscripto voluntariamente al mismo. Prohibida la reproducción parcial o total sin el previo consentimiento por escrito del Editor. Todas las opiniones aquí reflejadas pertenecen a sus respectivos autores. ISSN 1667 - 3336. © 2001 - 2006 TodoPerros.com |
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