Las manías de mis perros | agresividad por miedo

Las manías de mis perros

Les contaba en el artículo anterior como, a partir de la finalización del periodo juvenil, las conductas “raras” que hasta ahora no podían ser tratadas como anómalas, ahora si son preocupantes. Truco y Kika han acabado su periodo formacional de especie, han sido jerarquizados, adiestrados y, aún así, realizan alguna conducta extraña e inesperada por usted.

En principio y para tranqulizarlo, debo decirle que la aparición de estas conductas es poco probable si usted no se ha equivocado en la formación de su perro y además, son fáciles de tratar. Por supuesto, descarto todas aquellas deficiencias psicomorfológicas que usted también tuvo en cuenta cuando adquirió a Truco.

Las conductas que podemos considerar como anómalas en la vida de nuestro perro, son bastante menos numerosas que las que se estudian en psiquiatría o psicología humana entre otras cosas, porque la mente de nuestro amigo es muy limitada respecto a la de su dueño.

Eso no quiere decir que Truco no tenga una muy alta capacidad de parecerse, incluso en lo malo, a usted. Tanto es así que estamos cansados de oír que los perros se parecen a sus dueños y, respecto a la veracidad de esta afirmación… ¡No le quepa a usted la menor duda!

El por qué de esta tendencia de nuestro perro a parecerse al dueño le viene impuesto por la necesidad que todos los individuos gregarios y sociales tenemos de asemejarnos al ser que más admiramos. Yo, como cristiano o usted como musulmán, tratamos de practicar todas aquellas conductas que pensamos que nos acercan a esa imagen de perfección que nuestro Hacedor posee. Somos conscientes de que nunca la alcanzaremos pero constantes en su búsqueda.

Partimos de la base de que su perro le admira y, si usted es nervioso, tenga por seguro que su perro “heredará” parte de esa tendencia. Si el dueño es agresivo, su perro lo será en un grado aún superior a él y si usted es metódico y educado, Truco se asemejará más a sus conductas que a las de un dueño anárquico y despreocupado.

Me refiero con todo esto, a que la mayor parte de las conductas de nuestro animal, tanto si son adecuadas como anómalas, están muy influenciadas por el carácter del dueño. Tanto es así que, cuando paso consulta de comportamiento, casi nunca necesito ver al paciente. Para mí, lo importante es conocer al dueño y el ambiente en el que se mueve el animal.

Truco es agresivo

La agresividad, como sabe el amable lector, junto con la defecación y micción inadecuada son la causa de mas casos de eutanasia en los países desarrollados. Es lógico suponer que un animal agresivo es una fuente de conflictos inacabable sobre todo, si la agresividad la dirige hacia uno o más miembros de su propia familia.

Aparte del factor raza y herencia, la agresividad puede ser encuadrada en dos grandes grupos causales:

  • Por causa orgánica
  • Sin causa orgánica que la justifique

Perros agresivosA estas alturas y si usted ha mantenido una convivencia feliz con Truco, sabrá que, si el animal se vuelve irascible de la noche a la mañana, es porque algo no funciona como debiera en su organismo. Así, un simple dolor de muelas, una compresión de la Cauda equina o cualquier otra patología que curse con dolor puede llevar como efecto colateral el aumento de la agresividad de su amigo.

La agresividad maternal de Kika puede ser encuadrada en este grupo ya que su sistema endocrino sufre una alteración como respuesta al nuevo estado vital de la perra. Esta agresividad es adaptativa y necesaria en estado libre del animal para desarrollar con éxito el otorgamiento de los cuidados parentales y protección de su progenie.

El otro grupo está compuesto por las agresividades que el perro manifiesta en estado normal y que, por supuesto, ya ha sido detectada por usted hace tiempo. Estas agresividades son el fruto de una mala impronta, socialización y jerarquización aparte de, como decía, factores raciales y genéticos.

La agresividad competitiva o por dominancia puede presentarse intra e interespecífica o aislada. Ambas pertenecen al mismo grupo y suelen presentarse unidas. Me refiero a que, un perro dominante suele tratar de competir con otros perros y, a la vez, con las personas que forman su manada.

Como consecuencia de esta competición, su agresividad está dirigida a obtener la primacía en el escalafón y la forma en que lo hace causa un problema que el lector, con toda seguridad, habrá erradicado a estas alturas o simplemente, no se habrá presentado gracias a una buena jerarquización en la etapa de cachorro de Truco.

La agresividad por miedo consiste en un comportamiento anormal desarrollado por perros tímidos o cobardes. Es muy peligrosa porque, en numerosos casos, va dirigida hacia niños que no tratan de hacer daño al perro y son mordidos por entender este lo contrario.

Parece como si el animal entendiese como agonística cualquier comunicación que se les hace. Así, el mero hecho de tratar de acariciarlo, puede ser interpretada por el perro como una agresión y, su defensa, extremadamente peligrosa.

La agresividad territorial es un exponente del factor de supervivencia. Viene muy marcado por la variable genética, factor racial y sexo. De tal forma que un macho Doberman siempre será, como media, más territorial que una hembra Boxer y es esta clase de agresividad, más patente en aquel que en esta.

La agresividad redirigida es muy típica en machos dominantes. Recuerdo que mi perro Roco tuvo un episodio hace cinco años cuando trató de pegarle a un perrillo que un amigo trajo de visita a mi casa. Después de advertirle yo de que no lo hiciera, lo intentó de nuevo y en mi presencia. Muy enfadado con él, le aticé un estacazo con el mango de una fregona que estaba a mi alcance. El viejo sinvergüenza cedió en su maleducada conducta pero, a cambio, destrozó la fregona.

Esta agresividad se produce como respuesta a la imposibilidad de licitarla hacia lo que realmente se la produce. Quiero decir que con quién Roco se enfadó fue conmigo y por el estacazo que le propiné pero… ¿Cómo iba siquiera a enseñarme los dientes? ¡Era preferible cargarse la fregona!.

Las manías maternales de Kika

Suelen producirse en perras que no han estado preñadas. Pueden atribuirse a la falta de imprinting maternal, tan necesario para su eficacia genética y hacen que la perra se sienta realmente preñada, aunque la monta no se haya producido o no haya sido exitosa.

Construyen la madriguera, aportan trapos, papeles y todo lo que ellas consideran necesario para tan importante evento. Además, se hinchan como si realmente estuvieran preñadas, llegan hasta segregar leche por sus mamas e incluso engañan a los veterinarios que creen palpar los cachorros cuando lo que realmente tocan son “cartuchos” de heces.

Esta conducta anómala es más frecuente en una razas que en otras y depende, en gran medida, del entorno en el que se desarrollen. Realmente son conductas fastidiosas porque, de no realizar el veterinario una ecografía, la comediante de Kika fingirá hasta el parto que, como es lógico, terminará en una descomposición de vientre y una evacuación intempestiva.

Una de mis perras “fingió” un embarazo de este tipo después de escapársele a mi hija y flirtear con un perro. Nadie vio la monta ni nosotros teníamos certeza de que se hubiese consumado pero, ella si la tenía.

El Veterinario, en un somero reconocimiento realizado a los treinta días, diagnosticó la preñez de la interfecta. Preparamos el parto y la paridera, avisamos a mi cuñada que es enfermera, y perdimos un fin de semana esperando el feliz acontecimiento.

Mi amigo el veterinario palpaba hasta ocho cachorros y me los hacía tocar a mí. Todos estábamos convencidos hasta que pasado un tiempo prudencial, el Facultativo decidió inyectarle una hormona aceleradora del parto.

Aquello fue todo un espectáculo. El animal (como decía Cantinflas), “tronaba como Campechana”, expulsaba heces a una velocidad increíble y su barriga abultada, hasta ahora, parecía desinflarse como un globo viejo.

El feliz parto acabó como el Rosario de la Aurora y el veterinario, tan estupefacto como yo, prometió que en la próxima preñez utilizaría el ecógrafo sobre todo, si se trataba de la vieja comediante.

Truco, Kika, el panadero y el cartero

Casi todos los perros que viven, como los míos, en el campo, tienen una sensibilidad especial con determinadas personas que frecuentan nuestra casa. Las víctimas de esta irascibilidad canina suelen ser el panadero, el cartero y el chico de la propaganda de buzón. Casi todos estos “manipuladores” suelen mostrar una timidez cercana al miedo y un alto grado de delicadeza a la hora de toquetear nuestra puerta o buzón.

Mi viejo Roco fue uno de los que se “estrenó” dándole un buen susto y un revolcón a nuestro sufrido panadero de toda la vida. Visto el éxito alcanzado, tres meses después y recién cumplido el año de vida, acometió contra el cartero y, pasados treinta días, contra el buen chico de la propaganda.

Roco aun no estaba adiestrado y los ataques no pasaron de sendos sustos pero, aquellos desafortunados incidentes, hicieron que la época de adiestramiento de mi inmaduro cachorro, se adelantase.

¿Por qué este proceder de casi todos los perros jóvenes? Si analizamos el contexto de la agresión y la conducta de las víctimas, sacaremos estos factores comunes: se acercan al territorio subrepticiamente y con extremado sigilo, no llaman al timbre para avisar de su presencia, manipulan impunemente una parte de nuestra propiedad y suelen ser poco cariñosos con los perros como resultado de alguna que otra agresión por descuido de los dueños. Luego marchan con el mismo sigilo con el que se acercan y desaparecen hasta el día siguiente en el que repiten la operación.

Para Truco, esto constituye una invasión territorial en toda regla pero el autor, escapa una y otra vez impunemente. Esta frustración unida a la provocación diaria crea un estado de expectativa que solo desaparece cuando un buen día olvidamos cerrar correctamente la puerta de la valla y el cachorro, con más miedo que vergüenza, “ataca” al desafortunado panadero.

Cuando el malhechor es atacado por primera vez, suele bajar la expectativa y el deseo en el perro de repetir la agresión. Aún así, mi amigo Manolo el panadero, deja la puerta de su furgoneta abierta cuando nos trae algún producto que necesite de nuestra aprobación, por si el canalla de Roco después de nueve años, decide darle otro empujón. Cuando trato de tranquilizarlo me alega que la puerta abierta de su coche lo tranquiliza más que mis palabras.

En el siguiente artículo trataré de exponer las restantes conductas que pueden empañar la alegría de la convivencia con nuestro amigo.

Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
Diplomado en Estudios Avanzados Universitarios de 3º Ciclo (línea de investigación; comportamiento animal y humano). Asesor y terapeuta en comportamiento animal (título propio de la Universidad de Granada). Estudió Etología en el Departamento de Biología animal y Ecología de la Universidad de Granada. Fue Fundador y Presidente de AEPE (Asociación Para el Estudio del Perro y su Entorno). Autor de cientos de artículos, y de los libros "En los Bancales del Sur", "HUTA" y "La Etología del Perro".
Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
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