toxocariasis canina

La Toxocariasis canina… y humana

Uno de los parásitos más comunes del perro es un gusano llamado Toxocara canis. El gusano adulto vive en el intestino delgado y parece un tallarín amarillento de unos 10 a 20 cm de largo. A veces sale con las deposiciones del perro cuando este tiene diarrea, y otras veces con el vómito.

Casi todos los perros tienen también larvas durmientes del parásito en sus hígados, pulmones, músculos, riñones, y otros órganos. Estas larvas son muy pequeñas y, como están dentro de los tejidos, no se ven a simple vista.

La enfermedad en los perros

Los perros adultos y los perritos que tienen sólo unos pocos parásitos en sus intestinos pueden no tener ningún síntoma de la infección. Cuando el número de parásitos es mayor, los perritos nuevos se ven panzones, con el pelo opaco, no engordan, y pueden tener diarrea y vómitos.

Cuando hay un gran número de parásitos, estos pueden tapar el pasaje del intestino y causar una obstrucción intestinal, que es muy peligrosa. Hay que tener cuidado con el tratamiento de los perritos con toxocaras, porque algunos medicamentos excitan a los parásitos y facilitan la formación de una obstrucción.
Las larvas en los órganos generalmente no causan ningún síntoma pero, en los perritos muy jóvenes, el paso de las larvas por los pulmones puede causar una neumonía.

La enfermedad en el humano

Los toxocaras no son parásitos del humano pero, cuando una persona come huevos maduros del gusano, las larvas se liberan en su intestino, entran en la sangre, y se reparten por el organismo. La mayoría se aloja en el hígado o en el pulmón, pero otras pueden llegar a cualquier órgano del cuerpo. La enfermedad afecta principalmente a los niños de menos de 5 años, porque ellos son los que generalmente se ensucian sus manos y comen tierra contaminada con deposiciones de perros infectados, que es donde están los huevos del parásito.

Cuando las larvas están en el hígado, los niños pueden tener síntomas digestivos vagos, como dolor de estómago, intolerancia por ciertos alimentos, o nauseas. Cuando están en los pulmones, los niños pueden tener tos, a veces con manchas de sangre, y dolor en el tórax. Cuando las larvas se alojan en el ojo, el niño puede perder la visión, y cuando se ubican en el cerebro, puede desarrollar epilepsia.

El contagio en el perro (Figura 1)
Hay 3 maneras como los perros pueden contagiarse con este gusano.

1. Una es comerse los huevos que salen con las deposiciones de los perros infectados y ensucian el suelo. En unas 2 a 3 semanas, estos huevos desarrollan una larva que puede infectar a otros perros. Cuando un cachorrito se come estos huevos maduros, las larvas se liberan en su intestino, pasan a la sangre y van al hígado y a los pulmones. En los pulmones rompen los vasos sanguíneos, entran en los pulmones, suben hasta la garganta, son tragados, y llegan al intestino donde maduran a gusanos adultos que empiezan a poner huevos a los 28 días de infección.

No todas las larvas llegan al intestino para convertirse en adultos, sin embargo. Algunas se quedan durmiendo por meses en el hígado, otras en los pulmones, y otras se reparten por diversos órganos del cuerpo. Cuanto más viejo es el perro que se come los huevos maduros, menos gusanos llegan al intestino y más se van quedando en los órganos.

2. Otra es infectarse antes de nacer, o con la leche de la madre. Esas larvas que se habían quedado durmiendo en los órganos de las perras, se despiertan a los 40 días de la preñez y empiezan a viajar de nuevo por la sangre. Muchas de ellas pasan a los nuevos perritos en el útero de la madre, de manera que los cachorrillos nacen infectados y empiezan a pasar huevos a los 23 días de nacidos. Otras pasan por la leche hasta la quinta semana de lactación, de manera que infectan a los perritos muy nuevos. Incluso algunas llegan al intestino de la perra, maduran a adultos, y pueden empezar a poner huevos a las 2 semanas del parto.

3. Cuando un ratón u otro animal pequeño se come los huevos maduros del suelo, las larvas se quedan durmiendo en los órganos de este ratón por unas pocas semanas. Si un perro se come al ratón en esa época, las larvas pasan al intestino o a los tejidos del perro. Los perros, entonces, también pueden infectarse cazando roedores infectados.

El contagio en el humano

La única manera como se contagia el humano es comiendo huevos maduros del parásito, igual como se describió arriba para los perritos. La diferencia es que en el humano las larvas siempre se quedan en los órganos, nunca llegan al intestino y maduran a gusanos adultos. Como los huevos están en los suelos contaminados con deposiciones de perros infectados, los niños pequeños que juegan en el suelo, se ensucian las manos con tierra, y se las llevan a la boca sin lavarlas, son los que tienen más riesgo de infectarse.

Los lugares más peligrosos son los sitios donde sejuntan perros y niños, como las plazas públicas, los sitios de juegos infantiles, y, sobretodo, las cajas de arena en los parques donde juegan los infantes y a menudo defecan los perros. Los perros mismos no son una fuente de infección importante para el humano porque los huevos demoran 2 a 3 semanas en madurar y los huevos difícilmente van a durar tanto tiempo en el pelaje del animal.

Toxocariasis
Figura 1. La toxocariasis puede transmitirse en el útero (1), con la leche materna (2), por el consumo de roedores infectados (3), o por la ingestión de huevos maduros del parásito (4). Los perros de menos de 6 semanas de edad desarrollan gusanos adultos en su intestino (5) y larvas durmientes en sus órganos (6). Los perros viejos y los hospedadores anormales (como los roedores y los humanos) sólo desarollan larvas en sus órganos (6). Los perros jóvenes son los que más contaminan el ambiente (7).

La prevención de la infección en el perro

La infección del perro debe evitarse no sólo porque es una infección que enferma y puede matar a los perritos sino que, principalmente, porque la infección del perro puede pasar a la gente y provocar ceguera, epilepsia, y otros síntomas. Para evitar que los seres humanos se infecten, hay que prevenir que los perros pasen huevos del parásitos con sus deposiciones.

Muchos estudios han mostrado que virtualmente todos los perritos nacen infectados, de manera que todos deben tratarse. Estos perritos empiezan a pasar huevos a los 23 días de edad, de manera que el primer tratamiento debe darse no más tarde de las 3 semanas (21 días) de edad.

El tratamiento rutinario sólo mata los gusanos que han llegado al intestino, pero no los que están migrando por el hígado o pulmón. Estos llegan al intestino y empiezan a poner huevos unas 2 semanas después del tratamiento. Por este motivo, el tratamiento debe repetirse 2 semanas más tarde. La última infección que recibe el perrito de la madre es con la leche de la quinta semana. Como estas larvas van a madurar a adultos y poner huevos dentro de unas 2 semanas, el último tratamiento debe darse cuando el perrito tenga unas 7 semanas de edad.

En resumen, los perritos deben tratarse a las 3, 5, y 7 semanas de edad. Como las madres pueden empezar a pasar huevos desde 2 semanas después del parto, en vez de tratar a la madre a las 2 semanas y a los perritos a partir de las 3 semanas, muchos veterinarios prefieren tratar a la perra y a sus cachorritos a las 2, 4, 6, y 8 semanas del parto.

Últimamente se ha descubierto que dos tratamientos de las perras gestantes con ivermectina, uno 5 días antes del parto y el otro 10 días después del parto, previenen la infección de los cachorritos en el útero o con la leche.

Como todos los estudios han mostrado que entre el 10% y el 30% de los perros adultos están pasando huevos de toxocaras en sus deposiciones, es conveniente repetir los tratamientos periódicamente en todos los perros, cualquiera que sea su edad.

La prevención de la infección en el humano

La mejor manera de evitar la infección del humano es evitar que los perros pasen huevos, como se indicó arriba.

La segunda mejor manera es evitar que los huevos del parásito contaminen los suelos. Como los estudios epidemiológicos muestran que una alta proporción de los perros están pasando huevos del parásito, es sabio tratar a cada perro como si estuviera infectado. En los países más avanzados hay reglamentos (¡y rejas!) que impiden al acceso de perros a los patios de juegos de los niños. También hay reglamentos que prohíben que los perros defequen en lugares públicos; los dueños deben llevar una bolsa de plástico y recoger las heces de su perro cuando lo sacan a pasear. En París, Francia, hay incluso un servicio municipal con motocicletas provistas de aspiradoras que recogen las deposiciones de los perros de las calles.

Los niños deben habituarse a no llevarse las manos sucias a la boca, a lavar los alimentos crudos que crecen cerca del suelo, y a lavarse las manos antes de comer. Estos hábitos ayudan, además, a prevenir todas las infecciones transmitidas por contaminación fecal de los suelos.

Una parte muy importante del control es la educación de la gente acerca de esta enfermedad, no sólo para que apliquen ellos mismos los métodos de prevención, sino que para que exijan también que las autoridades de salud implementen las medidas adecuadas.

Por último, por su ascendiente sobre los dueños de mascotas, el veterinario tiene una tremenda responsabilidad en la educación de sus clientes y en la promoción de la propiedad responsable de los perros, que incluye el control de la población canina y la prevención de la contaminación fecal del ambiente.

Omar O. Barriga
Nacido en Chile, donde obtuvo su título de Veterinario. Continuó sus estudios en la Univesidad de Illinois (USA), donde logró su M.Sc. y Ph.D en Parasitología/Inmunología. Se capacitó en Biología Molecular en Oklahoma (USA), y en Porto Alegre (Brasil). Ha enseñado Parasitología e Inmunología Parasitaria en Escuelas de Medicina, de Medicina Veterinaria, y de Posgrado en Chile, Estados Unidos, Brasil, Marruecos, y varios otros países. Ha publicado cerca de 100 artículos científicos, la mayoría en revistas en inglés de primera categoría, capítulos en numerosos libros, y 6 libros. Entre estos últimos, un texto de inmunología parasitaria, dos libros de parasitología veterinaria, y la sección sobre parásitos de la tercera edición del texto de zoonosis de Acha y Szyfres.
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