maternidad canina

La maternidad de Kika

El obtener descendientes es una de las funciones en las que el perro invierte más tiempo y esfuerzo. Si su supervivencia le ha sido asegurada por nosotros, tratará de cumplir con el objetivo de alcanzar su eficacia genética y de esta forma, en lenguaje humano, conseguir “realizarse”.

La buena de Kika y si hemos sido prudentes, estará ya en su tercer celo. La pareja elegida por nosotros o por ella, habrá colocado en su vientre la semilla de hasta doce cachorros y pronto comenzaremos a observar conductas de nuestra perra totalmente desconocidas para aquellos dueños que como Kika, son primerizos en estos avatares.

Excesivamente cariñosa

El aumento de cariño demostrado hacia su dueño, en este periodo de la vida de Kika, es patente y depende de la relación que mantiene con él. Ella busca, más que nunca, el contacto con su Superalfa y en algunas ocasiones puede llegar a resultar excesivamente “pegajosa”. Para actuar en consecuencia debemos saber a que obedece el considerable aumento de su conducta social.

Kika sabe que ahora más que nunca, necesita una protección patente, un recurso más elevado y una “tranquilidad territorial” más alta.

Los machos de cánidos libres, y en especial los lobos, tienen una conducta parental más acusada que la de los perros domésticos. Estas pautas de acción de los machos comienzan a desarrollarse cuando la hembra queda preñada. A ellos, la inversión en los genes que porta su compañera, les obliga a liberarle de trabajos como la caza, que puedan poner en peligro la supervivencia de sus vástagos.

Así, cuando la preñez avanza, es el macho quién absorbe parte del trabajo que antes pertenecía a la hembra aunque el esfuerzo parental, una vez nacidos los cachorros, se multiplique a favor de aquella.

Nuestros machos, bastante más egoístas que los libres, se limitan en la mayor parte de los casos, a terminar la crianza en el acto de la cópula de tal forma que nuestras hembras deben buscar esa protección y recurso en sus propios dueños.

No podemos culpar a nuestros perros de esa despreocupación en la crianza ya que hemos sido nosotros los que, por medio de la selección artificial, hemos potenciado esa conducta.

Por otro lado, la hembra “sabe” que lo que tiene dentro son sus propios hijos, pero el macho no tiene esa certeza de paternidad, debido a que una hembra puede ser montada por varios machos en un mismo celo.

Hay un refrán español que reza de la siguiente forma: Los hijos de mi hija, nietos míos son; los de mi hijo, por si sí por si no.

Preparando su madriguera

La preñez de la hembra dura entre 58 y 62 días. Las primeras semanas (entre la 1 y la 4) son las que comportan más cambios de actitud en ella. La adaptación hormonal, es decir, el reajuste de su sistema endocrino, da lugar a variaciones conductuales muy acusadas.

Aparte del aumento de pautas sociales, se produce el inicio de la llamada agresividad maternal. Esta agresividad alcanzará sus máximo exponente durante el periodo neonatal de los cachorros. No todas las hembras tienen el mismo componente agresivo ya que en ellas, como siempre, aparecen los factores raciales e individuales.

Kika, guiada por su fuerte instinto de reproducción, comenzará a “elegir” el sitio donde quiere parir a sus cachorros. Nosotros sabemos que su mejor madriguera es la que le pueda ofrecer una elevada seguridad y un tranquilo acomodo para ella y su progenie.

Podemos construir el mejor paritorio que se nos ocurra y observar con frustración como Kika lo desdeña para irse a parir en nuestro sofá o en la cama de matrimonio. ¿Por qué esta conducta?

Ella, sobre todo si es primípara, está dominada por la inseguridad y el miedo biológico a perder su camada. Todavía se “acuerda” de como el olor de la sangre o el de las deposiciones de los cachorros atraen indefectiblemente a los depredadores. Las máximas posibilidades de supervivencia las encontrará al lado del Superalfa porque es allí donde nadie se atreverá a molestarla.

Me contaba un amigo chileno como su perra, cuando parió la primera vez, lo hizo encima de su cama. El había construido una paridera en un cuarto cercano a su dormitorio, paridera que su animal desdeñó olímpicamente durante la primera semana posparto.

El buen hombre se pasaba las noches llevando cachorros desde su cama a la paridera y la perra realizando el porte contrario. Algunas veces se cruzaban por el pasillo llevando cada uno un cachorrito en distinta dirección. ¿Qué hacer en estos casos?

Para que una perra acceda a parir en una madriguera construida por nosotros, esta debe ser adecuada a su tamaño, alejada de “puntos peligrosos” del territorio, con entradas pequeñas y laterales, de fácil acceso para nuestras manipulaciones y, sobre todo, construida en el tiempo en el que Kika era cachorra.

Nuestro trabajo se completará condicionando a nuestra perra a dormir desde pequeña en ella y convenciéndola de que allí encontrará todo lo agradable como la comida, el refugio, el descanso y la evitación de visitas molestas. De esa forma, cuando llegue el momento del parto, ella sabrá que es allí donde los cachorros obtendrán la máxima seguridad.

perra preñadaCuando Kika decida donde va a parir comenzará, en la mayoría de los casos, a trasladar a su paritorio trapos, juguetes y cualquier chisme que ella una al concepto de “tranquilidad territorial”.

Hay que cuidar a la preñada

Realmente, una perra preñada necesita pocos cuidados complementarios a los otorgados en su estado normal. El paseo tranquilo, diario, largo y sin trabajo, es altamente beneficioso en estos momentos ya que, además de fortalecer su cuerpo, hará que aumente el tiempo que le dedicamos y estrechará la relación entre ella y nosotros. Una visita al Veterinario está totalmente recomendada en este periodo así como un cambio en la dieta fijado por el Facultativo.

No debemos caer en el antropomorfismo inventando cuidados especiales que otorgarle en este periodo. En la especie humana, el embarazo puede llegar a ser hasta una enfermedad pero, en la especie de Kika, es un estado natural de la hembra. Si bien el peso de su gravidez le merma capacidad de caza no llega a impedirle buscar recurso en cualquier momento.

Mantiene en un grado medio todas sus habilidades y en alto grado todas aquellas con que la Naturaleza la dota en este periodo. Su olfato se amplía más aun y su agresividad aumenta de tal forma que la supervivencia de su camada quede asegurada en un alto porcentaje.

Kika está pariendo

No se intranquilice. Ella sabe lo que debe hacer. Muchos criadores le suministran Oxitocina, café, ayuda en el paritorio y todos los cuidados que otorgarían a una hembra primeriza de nuestra especie. Normalmente, lo que ella necesita es simplemente tranquilidad, agua, leche diluida y alguna caricia de su amigo humano.

En algunas ocasiones, el parto de una primípara se presenta peligroso por la posición de los cachorros o por el estado de la madre. Esta complicación se detecta cuando el parto se alarga de forma alarmante o transcurre mucho tiempo entre el nacimiento de uno y otro cachorro.

En estos casos, el mejor remedio es la atención de la parturienta por el Facultativo. Si nos vemos implicados en varios partos o decidimos convertirnos en criadores, los siguientes no tendrán secreto para nosotros. Es tan fácil y tan bonito como el nacimiento de una nueva vida. Son los hijos de nuestra amiga Kika, algo así como nuestros nietos.

La perra de mi hijo, madre de 21 cachorros, tiene por costumbre “presentar” la camada a toda su familia. Empuja con el hocico uno por uno a todos sus hijos hasta que quedan expuestos a nuestros ojos. El zángano de Roco, su padre, parece como si se asustara, aunque esa reacción la he observado con frecuencia en padres humanos primerizos a los que parece que tener en brazos a su criatura recién nacida, les produce miedo y nerviosismo.

Roco, después de olerlos, se va tranquilamente a marcar el territorio con más vehemencia de lo normal. Supongo que esa será su forma de comenzar su periodo paternal.

La buena de Terra, después de parir al último, comienza una escrupulosa limpieza de su cubil que dura hasta que desaparece el último resto del parto. Después, se da un paseo con Roco, orina, bebe agua y vuelve a su tarea de amamantar sus perrillos.

Realmente nosotros, sus amigos humanos, nos limitamos a desinfectar con tintura de Yodo los ombligos de los cachorros, a mantener la temperatura adecuada en el paritorio y poco más. La tarea de Kika de cuidar a sus hijos y la nuestra de contribuir a su desarrollo intelectual no ha hecho más que empezar. ¡Ya hay siete u ocho perros más en el Territorio!.

Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
Diplomado en Estudios Avanzados Universitarios de 3º Ciclo (línea de investigación; comportamiento animal y humano). Asesor y terapeuta en comportamiento animal (título propio de la Universidad de Granada). Estudió Etología en el Departamento de Biología animal y Ecología de la Universidad de Granada. Fue Fundador y Presidente de AEPE (Asociación Para el Estudio del Perro y su Entorno). Autor de cientos de artículos, y de los libros "En los Bancales del Sur", "HUTA" y "La Etología del Perro".
Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
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