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Balto. En 1925 un solitario pueblo ubicado en el
noroeste de Alaska, Nome, sufría una epidemia de difteria. El único médico
del pueblo se comunico con el hospital de Anchorage, a varios cientos de kilómetros
de distancia para solicitar dosis de vacunas para todos los habitantes de Nome,
aunque tenían un problema: el transporte. La solución llegó la de mano de
Gunnar Kaasen y su equipo de Siberian Huskys guiados por Balto, el más
experimentado de sus perros. En medio de una tormenta de nieve, y solo guiado
por el instinto de Balto, las vacunas llegaron a tiempo para parar la epidemia. |