el olfato del perro

¡Estoy en forma!

Estamos ahora en un momento de la vida de Truco en el que recolectamos todo lo que durante tiempo, hemos ido sembrando. Nuestro perro es ahora nuestro amigo y compañero incondicional. Aguantará todo lo que nosotros le exijamos sin rechistar, incluso nuestro mal humor. Acepta nuestra compañía aún en esos días en que nuestro estrés o problemas laborales hacen que ni nosotros mismos nos aguantemos.

He oído, muchas veces, la célebre frase: “mi perro es el único que se alegra de mi llegada a casa y además, el único que me hace caso”. El Hombre, como especie altamente gregaria, necesita paz y alegría al volver al territorio y, muchas veces, se encuentran con que los demás miembros de la manada, sufren el mismo problema que él.

Truco o Kika siempre mostrarán una inmensa satisfacción de volver a ver a alguien de la manada aunque se haya ausentado tan solo veinte minutos del territorio. Están elevando nuestra aptitud contribuyendo, con su conducta, a satisfacer nuestras necesidades gregarias.

Decía, en los primeros artículos, que el Perro nos necesita para solucionar mejor sus problemas de supervivencia y reproducción pero, nosotros a él, también. Evidentemente descarto la reproducción como un problema a solucionar por otro individuo de especie distinta pero, en lo tocante a la supervivencia, quiero hacer hincapié en que sí nos la facilita.

Si el lector no ha asistido nunca a una sesión de terapia asistida con perros, no sabrá hasta que lo haga la alegría que se refleja en las caras de los ancianos enfermos de Alzheimer o en la de los niños autistas, al ver aparecer a su compañero de juegos y caricias. Es una experiencia muy gratificante en la que, tanto el perro como el dueño, dan algo de sí mismos a otros individuos que lo necesitan.

Nuestro amigo está siempre dispuesto a elevar nuestra tasa de aptitud porque, de esa forma, él consigue lo mismo. Pero así como nosotros necesitamos unas condiciones vitales para encontrarnos bien, el precisa que su dueño se ocupe de satisfacer las necesidades que se derivan de su propia biología.

Truco y Kika son depredadores

No podemos tratar de que nuestro perro olvide su función en la Naturaleza. Él fue creado para cazar y, de esta forma, obtener el recurso para su supervivencia. Ahora, este recurso viene envasado en sacos de 20 Kg. y se completa con el agua que sale del grifo.

¿Le gustaría a Truco matar herbívoros para sobrevivir? Por supuesto que sí pero, ¿podemos favorecer las condiciones que harían posible esa clase de conductas? Supongo que, en la mayoría de los casos, no. Ahora bien, eso no impide que lo apoyemos en el desarrollo de casi todas las pautas de acción que van unidas a esa conducta de predación.

perros en el bosqueÉl es un corredor de fondo, un trotador incansable, un rastreador nato y un apresador experto aunque nosotros no tengamos nada que ver con este aprendizaje. Quiero decir que podemos facilitarle casi todas las conductas de caza menos la última, la de matar e ingerir.

Tengo un amigo de 55 años que posee un excelente ejemplar de Pastor alemán. Durante los dos primeros años de la vida de su perro, el hombre agobiado por su trabajo y sin tiempo disponible ni para su familia, permitió que su amigo engordase y se convirtiera casi en un objeto ornamental de los muchos que pueblan su chalet.

Hace unos meses se le detectó una afección cardiovascular para la que, en su rehabilitación, se le recomendaban largos paseos por el bosque y parajes sin contaminación. Inmediatamente buscó, entre los amigos, a otros que por necesidad o hobby, tuviesen que hacer el recorrido diario.

Al principio nos reunimos en nuestro “mini maratón” seis corredores. Curiosamente, yo era el único que llevaba a mi viejo compañero en mis paseos matinales. Roco portaba un arnés del que enganchábamos una pequeña mochila con agua, fruta y alguna golosina para los que no teníamos problemas de Colesterol.

Al cabo de dos semanas todos habíamos abandonado tan saludable práctica. Unos por motivo de horario, otros por necesidades familiares y algunos porque preferían el Colesterol a la sacrificada marcha diaria. Se quedó solo ante el peligro y comenzó a insistirme para que no lo abandonase. ¿Por qué no llevas a tu perro contigo? ¿No ves que lo está deseando?

Le ayudé a socializar al excelente animal que no conocía mas mundo que el que observaba a través de los barrotes de la verja de su casa.

Ahora, ya no quiere venir conmigo porque, según él, yo marcho a menos velocidad que la que Tarot y él desarrollan. ¡La semana pasada vimos cabras montesas, Antonio! ¡En el vértice Atalaya, mi perro levantó mas de diez conejos! ¡Deberías ver a Tarot rastreando una piara de jabalíes!

El buen animal porta ahora una mochila como la de mi viejo Roco. En ella llevan comida, agua, material de primeros auxilios y hasta un teléfono móvil para prevenir una urgencia. Pero lo más importante que han conseguido es la elevación de la tasa de aptitud del hombre enfermo y la de su buen perro. Ahora, acompaña a su amigo humano a hacer lo que más le gusta, correr y “cazar”.

Una nariz unida a un cuerpo

Así definía Tagore a nuestro buen Truco. Llevaba razón ya que los perros, tienen aproximadamente veinte veces más neuronas olfativas que nosotros. Decía Fetko, que nuestros instrumentos más sensibles son capaces de detectar una billonésima de gramo de una sustancia química pero, que un sabueso, puede percibir a distancia, lo que el instrumento no percibiría en la misma fuente del olor. Esto es, tienen lo que podríamos llamar “una visión olfativa” del mundo que los rodea.

Su oído es excelente, su visión mediocre pero su olfato, es un don especial de la Naturaleza. Debemos colaborar en su mantenimiento estableciendo juegos, trabajos y utilidades prácticas para nosotros y para su aptitud.

Yo, como todos los mortales, tengo predilección por extraviar o no encontrar nunca un determinado objeto. Concretamente, lo que nunca encuentro, a la hora de salir, es mi billetera. Tengo la costumbre de llevarla siempre en el bolsillo trasero del pantalón por lo que su olor a mí es extraordinariamente marcado.

Como yo no voy a curarme de mi contumaz despiste decidí que, por lo menos en casa, mi perro sepa en cualquier momento donde se halla el escurridizo adminículo. Tres repeticiones bastaron para que mi viejo Roco aprendiera otra palabrita más: “cartera”.

Al cabo de cuatro meses de eliminar mi problema con la billetera y, en uno de esos días que tienes que salir corriendo porque llegas tarde a una cita importante, le ordené a mi perro que la buscara. Observé estupefacto como daba vueltas a mí alrededor sin hacerme caso en absoluto. ¡Desgraciado, tengo prisa y tu te pones a jugar!

El buen animal me miraba y ladraba en tono nervioso. Yo no lo entendía y me daba a los diablos. En un momento determinado, Roco me rodeó y empujó mi trasero con la trufa. La billetera estaba, por primera vez, donde debía estar, en el bolsillo del pantalón. Por cierto, no le di ni las gracias.

La habilidad de Truco para rastrear es algo que debe potenciársele ya que el animal disfruta cuando la consecuencia del rastreo agrada a su dueño.

Tengo un buen amigo que además de presentar cierta dureza auditiva, es manifiestamente vago. Sus máximas favoritas son: “lo que se puede hacer sentado, no hay que hacerlo de pié” y “si mi perro come gratis, puede hacer por lo menos, que yo no me levante”.

Su perro está totalmente de acuerdo con él y disfruta como un loco, cuando el teléfono móvil suena. El buen Dobermann está condicionado, desde pequeño, para llevar el chisme a su dueño a cualquier sitio en el que se encuentre. Tan solo mi amigo tuvo que romper su habitual vagancia al enseñar a su perro a coger el móvil sin destrozarlo. El entonces cachorro rompió dos teléfonos hasta que lo consiguió pero, a su dueño, le compensó el precio del destrozo con el beneficio que ha obtenido desde entonces.

Ahora el perro, con más años y habilidad, está aprendiendo a abrir la tapa que responde a la llamada y los que tratamos de comunicar con su dueño, ya no sabemos si es el animal o él quién decide si la conversación se establece o no.

Visitas al Veterinario, las justas

Comprendo que los profesionales de la medicina veterinaria tienen las mismas necesidades de obtención de recurso que todos los demás mortales. Nuestro perro debe acudir periódicamente a su consulta al igual que nosotros vemos a nuestro médico para que nos haga un chequeo o nos vacune contra la gripe.

El problema aparece cuando nos empeñamos en que el profesional arregle los desastres sanitarios que provocamos en nuestro perro por acción o por omisión.

Hace siete años vino a mi casa un buen hombre para que le vendiera un cachorro hijo de Roco. Como yo no vivo de la cría, aunque la practique, me puedo permitir el lujo de elegir al dueño que va a convivir con un perrito nacido en mi casa e hijo de mi buen amigo.

Me contó que su familia estaba desolada porque acababa de morir su perro. El animal entregó el equipo el mismo día de Navidad y esto me hizo sospechar que su prematura muerte pudiese estar relacionada con una desintencionada pero mala conducta del dueño.

Después de interrogarlo con habilidad, me confesó que, en la Nochebuena, el perro había comido hasta hartarse, mantecados, polvorones, roscos, turrón y caramelos. Antes, tragó pavo relleno y cóctel de mariscos. Con la cena se le sirvió una buena copita de Rioja y, en los postres, de anís.

Esta buena gente había decidido que también su perro era una criatura de Dios y si lo que se celebraba era su nacimiento, también el animal debía acompañarlos.

Supongo que el pavo le sentó bien ya que el pobre perro era un mamífero carnicero pero, lo demás, le provocó una muerte que para sí la quisieran muchos humanos sin recurso. Además, entregó el equipo en un estado de gloria absoluto, borracho perdido. No obstante, le vendí una perrita llamada Aida de Pácemvis. ¡Solo come pienso!

El mantener un perro en un estado aceptable de salud, es tan fácil como hacerlo con nosotros mismos. Un ejercicio adecuado a su morfología, una sola comida diaria desde que termina su periodo juvenil, un elemental conocimiento de sus necesidades fisiológicas y, por supuesto, una visita periódica al Veterinario, nos asegura una docena de años de vida saludable de nuestro buen amigo.

Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
Diplomado en Estudios Avanzados Universitarios de 3º Ciclo (línea de investigación; comportamiento animal y humano). Asesor y terapeuta en comportamiento animal (título propio de la Universidad de Granada). Estudió Etología en el Departamento de Biología animal y Ecología de la Universidad de Granada. Fue Fundador y Presidente de AEPE (Asociación Para el Estudio del Perro y su Entorno). Autor de cientos de artículos, y de los libros "En los Bancales del Sur", "HUTA" y "La Etología del Perro".
Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
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