perros adiestrados en defensa

El perro defiende aunque no esté adiestrado

Si el lector ha conseguido adiestrar a su perro en obediencia, pocas cosas puedo recomendar a un maestro ejercitado como usted. Aún así, recuerde que el paso de mando debe efectuarlo con cada uno de los miembros de la familia. Verá que Truco le obedece cien por cien a usted y, en menor proporción a cada uno de los demás componentes familiares. ¿Por qué?

La respuesta es casi obvia. Usted es su maestro, lo ha jerarquizado totalmente, lo ha premiado y castigado, lo ha enseñado a su forma y con su carácter y, por encima de todo, él ahora entiende a la perfección, lo que su Superalfa exige y espera de él. Esta dependencia no es extrapolable a los demás miembros familiares ya que cada uno de ellos tiene su propio librillo, unos son más blandos y otros más duros, pero ninguno igual a usted.

Nuestro buen Truco tenderá a desobedecer a su hijo pequeño en órdenes fastidiosas como el andar junto o en hacer un ¡Suelo! mantenido. Sabe que el pequeño no va a reaccionar como su maestro y, por supuesto, no va a mantener la tenacidad de éste.

Frente a este comportamiento no debe aparecer la mínima frustración por parte del adiestrador ya que, si realizamos una comparación con nuestra propia conducta, recordaremos lo que pasaba en clase cuando nuestro profesor faltaba y era sustituido por otro que, aunque conocido, no era el habitual. ¿Se acuerda usted? Yo sí, ¡fiesta!

En vez de frustrarse, decida cual es la orden que desea que nunca sea desobedecida por Truco aunque se la dé cualquier miembro de la familia. Para eso debemos tener en cuenta el carácter de nuestro alumno e impedir cualquier acción de Truco que emane de esa conducta.

Supongamos que su perro es inquieto y molesta en casa con su actividad sobre todo, cuando hay visita. En ese caso, usted debe perfeccionar la orden de ¡Suelo! y ¡Quieto! por encima de todas las demás. De esa forma conseguirá que cuando se la dé su hijo, Truco piense en desobedecer cualquier orden menos esa.

Debe invertir todo el tiempo necesario en que su hijo aprenda a manejar la hiperactividad del perro. Si su animal es “camorrista” o tiene tendencia a la agresividad, comprenderá que debe permanecer siempre a su lado cuando la situación lo requiera. Para esto, la orden de llamada debe ser trabajada con más intensidad que las demás asegurándose, de esa forma, el que su perro acuda a su llamada aunque un apetitoso gato se pasee a menos de diez metros de él.

El analizar el carácter de nuestro perro y darle la educación adecuada, distingue al guía formado del que trata a todos los perros como si fuesen iguales. Si conociésemos a un facultativo que recetase el mismo medicamento a todos los enfermos, evidentemente no lo haríamos médico de cabecera para nuestra familia.

Conozco al dueño de un Boxer al que le gusta pelearse con todos los perros que entran en su campo de visión. Esto lógicamente es el resultado de haberlo criado solo y apartado de los de su especie durante el periodo de socialización. Este buen hombre, probó todos los métodos de control hasta que descubrió que forzando al perro a realizar el ¡Suelo! de una forma drástica, se acababan los problemas.

adiestrar perros agresivosAhora el bravo Boxer, cuando intenta pelear en el campo de adiestramiento con otro congénere, se encuentra con la orden que bajo ningún concepto debe desobedecer. El resultado es que, aunque otro perro le muerda, él no se levanta para pelear porque le tiene más miedo a la reacción de su dueño que a un mordisco fortuito.

Evidentemente, habría otras soluciones pero al dueño, ésta le ha dado resultado y se basa en el mismo principio que yo preconizo, la discriminación del carácter de cada alumno para aplicarle un adiestramiento individualizado.

¿Defenderá Truco a mi familia sin haber sido adiestrado en defensa?

¡Ya lo creo!. El va a defender a su manada con el ahínco y fuerza que le permitan su raza y carácter. Un Pastor alemán morderá, como es lógico, con más fuerza que un Chihuahua, ya que su anatomía y patrones filogenéticos lo hacen más apto para el combate.

Aún así, no debemos basar la seguridad de nuestra familia y hogar en la posible fiereza de nuestro buen Truco, sobre todo, si no ha sido adiestrado en guarda o defensa. Tenga en cuenta el lector que hay muy pocos perros que muerdan espontáneamente al primer humano que los ataca, ¿por qué?. En libertad, lo normal es evitar el enfrentamiento directo ya que esta acción es muy costosa, sobre todo si se producen heridas.

Para un cánido “normal” la lucha hasta el final solo es rentable cuando están en juego algunos de sus factores de supervivencia o de eficacia genética. Así, Truco estaría dispuesto a pelear para defender hembra, cachorros, territorio o recurso, pero se retiraría si lo que se discute es un mero puesto en un escalafón callejero.

Cualquier perro adiestrado en guarda o defensa que escape de casa, se retirará si alguien hace ademán de tirarle piedras porque, ¿qué ganaría él peleándose con un humano que además puede lesionarlo? La huida resuelve casi todos los problemas de enfrentamiento.

Quedamos entonces en que todos los perros van a “defender” su casa y manada pero, la intensidad de esa reacción defensiva, va a variar desde una serie de ladridos amenazadores hasta un apresamiento real. A su vez, esta intensidad depende de unos factores:

  • Tamaño del perro
  • Educación y/o adiestramiento
  • Fuerza
  • Raza
  • Sexo
  • Carácter del individuo
  • Contexto de la agresión
  • Existencia de cachorros o niños en el territorio de la hembra
  • Presencia o ausencia del Guía o Superalfa

Si hemos educado a Truco o a Kika adecuadamente, tampoco licitarán conductas aversivas hacia niños por lo que veremos como todo un macho bragado, se retira frente a la comunicación agonística de un pequeño humano.

A mi esposa, hace diez años, le mordió un perro por primera vez. Cuando me lo contaba, parecía muy indignada con la conducta de un animal al que ella trataba de acariciar y que respondió con un buen mordisco.

Veamos la situación: El perro era un Pekinés viejo, estaba en su casa y al lado de su dueño, mi mujer lo miró abiertamente a la cara y él se dio por retado, su carácter (como luego confesó el dueño) era tímido y asustadizo, mi mujer insistió en acariciarlo aunque él tratara de alejarse y claro, el resultado era predecible, ¡mordisco seguro!

A los pocos día, mi esposa lo encontró en las cercanías de su casa y cuando intentó acariciarlo de nuevo, el perro corrió como alma que lleva el Diablo para ladrarle furibundamente y desde lejos, una vez superada la distancia de seguridad.

Diagnóstico: perro pequeño y viejo, rasgos individuales heredados del factor miedo, seguridad territorial y “agredido” sin posibilidad de fuga. ¡No podía haber obrado de otra forma!

Conozco a un excelente adiestrador profesional que invariablemente responde a la pregunta: ¿Morderá este perro? con la máxima: ¡Todos los perros muerden y si una rata se ve arrinconada, también!

En Cádiz observé una sesión de defensa en un grupo de trabajo dedicado a esta disciplina. Todos los perros utilizados eran Pastores alemanes o belgas, menos uno, un Yorkshire.

Aquella “bestia parda” mordía y remataba en los tobillos de los figurantes, con más tesón que algunos de sus congéneres alemanes. A todos nos hacía gracia ver al diminuto guerrero enfrentarse con hombres armados de bastones y petos pero, ¿se imagina usted lo que ese bravo perrillo haría con 30 Kg. más de masa corporal? ¡Sería temible!.

Todos los animales potencialmente peligrosos para el humano, tienen una distancia de seguridad específica, es decir, un radio de evasión que les permite utilizar la huida como solución del posible problema de agresión. Cuando el hombre u otra especie, sobrepasa ese radio para entrar en la distancia crítica, el animal se ve obligado a decidir entre pelear y “entregarse”.

Aparte de esas dos distancias de seguridad individual y, como decíamos antes, el perro valora los factores territoriales, los de recurso, los de manada y los de progenie. A tenor de todo ello, decidirá.

Resumiendo, podríamos decir que todos los perros defienden si lo que está en juego inclina su balanza de costes/beneficios y, en esa defensa, utilizarán los elementos a su alcance y a tenor de los factores enumerados anteriormente.

Un último consejo: Si su perro es de talla media o grande, tiene tendencia a la agresividad y usted le ve con ganas de morder, adiéstrelo para soltar la presa cuando muerda. Evitará muchos problemas.

Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
Diplomado en Estudios Avanzados Universitarios de 3º Ciclo (línea de investigación; comportamiento animal y humano). Asesor y terapeuta en comportamiento animal (título propio de la Universidad de Granada). Estudió Etología en el Departamento de Biología animal y Ecología de la Universidad de Granada. Fue Fundador y Presidente de AEPE (Asociación Para el Estudio del Perro y su Entorno). Autor de cientos de artículos, y de los libros "En los Bancales del Sur", "HUTA" y "La Etología del Perro".
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