perros trabajando

El pan nuestro de cada día

Estoy seguro de que usted lector, leerá estos artículos cuando tenga un ratito de descanso en su quehacer diario. Puede que signifiquen una evasión en la rutina del trabajo y una pequeña liberación del estrés cotidiano. Si eso pasa es porque, como casi todos los mortales, emplea ocho o nueve horas diarias en “buscar recurso” para usted y su familia. ¿Y los bergantes de Truco y Kika? ¿En qué trabajan?

Ganándose el pienso

Cuando hace más de un año compramos a Truco, lo hicimos en base a unos parámetros relacionados con nuestras propias necesidades. Truco pequeño perro de compañía o gran animal de guardia, Kika antidepresiva o vigilante de sus hijos… ¡Lo que usted quiso!

Comprendo todas las posturas de los dueños de esta maravillosa especie. Entiendo hasta que mi esposa haya tenido siempre Pastores alemanes a los que no ha dado más utilidad ni adiestramiento que el que yo he forzado.

No me río en absoluto de los dueños que piensan que su perro no debe trabajar porque para eso está él. Yo respeto, en mi consulta, hasta el que me cuenta que su perro se gana el pienso jugando con él al ajedrez. Pero ¿qué piensa Truco relativo al derecho de ganarse el pan de cada día?

En libertad, y ya en la fase de cachorros, tratan de aprender espontáneamente las tácticas de caza de sus padres, las de defensa territorial y las de lucha. Se están preparando para lo que quieren ser, perros útiles y aptos.

Cada raza tiene sus propias características que las hacen aptas para tal o cual tarea pero, teniendo en cuenta que yo no sé a cual de ellas pertenecen Truco o Kika, quiero darles mi opinión generalizada sobre las utilidades para las que son aptas todas ellas. Cualquier perro debe asumir, independientemente de su raza y sexo, las tareas de vigilancia, compañía territorial y protección de los niños de la familia.

perros trabajandoLe aseguro que eso para ellos no es un trabajo y le ruego que no se lo impida. Truco es feliz cuando usted deposita su confianza en él como “cabo de guardia” y Kika se realiza cuando le muestran un bebé recién nacido al que tiene que vigilar.

Teniendo en cuenta que los hemos educado o adiestrado, sería tan absurdo dedicarlos al dolce far niente como inducir a nuestro hijo a vender palomitas después de costearle la carrera de Ingeniero.

La utilidad de un perro viene marcada por su raza, tamaño, sexo, educación y adiestramiento. Usted, no obstante, está en su derecho de rentabilizar esa utilidad o no pero, le insisto, un perro no es más feliz porque no le exijamos nada o lo saquemos a pasear en limosina. Le aseguro que mis animales “disfrutan” cuando oyen la frase ¡Vamos a trabajar! Después vienen el juego, las caricias y la alegría territorial y ellos, ¡cómo no! también participan de todo.

Truco el leñador

Hace cinco años, decidimos construir un chalet más grande que el que poseíamos y, para ello adquirimos una parcela en la misma urbanización donde vivíamos. El terreno en cuestión, tenía cinco grandes almendros bastante descuidados y faltos de poda. Un fin de semana aprovechando que toda la familia estaba en casa, decidimos acometer la tarea de arreglar los árboles. Los troncos que cortamos eran tan grandes que no había forma de arrastrarlos fuera del terreno. Al no poder contratar en domingo un tractor, decidimos hacerlo por nuestros medios.

A alguien se le ocurrió la idea de convertir a nuestros perros en pequeños pero efectivos tractores. Todos conocían la orden de ¡Tira! que siempre habíamos utilizado en los concursos de belleza y por tanto, lo único que hicimos fue convertir correas y collares en arneses de arrastre. En poco más de veinte minutos, la parcela quedó totalmente limpia de troncos y ramas.

Para ello utilizamos a nuestros cuatro perros e incluso tuvimos que actuar de árbitros para evitar la competición que se organizó entre ellos, por llegar el primero a la meta con el ramaje arrastrando. Al final y como siempre, la fortaleza y el tamaño de Roco se impusieron en la carrera pero, le aseguro, que todos se entregaron a la tarea con un ahínco y tesón dignos de encomio.

Al llegar a casa fueron recompensados con parte de la comida que mi esposa había preparado para la familia y admitidos a formar parte del coro que organizamos junto al fuego. Para nosotros fue un buen día pero, para ellos, fue inolvidable.

Kika, la ilustre fregona

Las perras, aunque usted no se lo crea, tienen un sentido del orden superior al de los machos. El desarrollo de esta conducta les viene impuesto por la selección natural al empujarles a limpiar de restos y olores su cubil para evitar, en mayor grado, la depredación.

Cuando paren, dedican parte de su tiempo a esta tarea limpiando y hasta comiéndose las defecaciones de sus hijos e impidiendo, de esta forma, que un posible depredador huela la debilidad de sus cachorros y aún la de ella misma.

Esta superioridad, respecto al macho, en la conducta de ordenación territorial, fue aprovechada por mi hijo para educar a su perra en el arte de recoger del suelo todo lo que él no es capaz de hacer. Le puso en el cuarto, un gran cubo de basura en el que acostumbró a su perra a depositar todo lo que encontraba en el suelo. Al principio fueron los papeles arrugados, zapatillas, lápices y cualquier objeto de estudio. Luego, ropa sucia, latas de refresco y hasta su teléfono móvil.

La buena de Terra fue condicionada para ejercer de limpiadora a cambio de chucherías o caricias. A la orden de ¡Basura!, la perra comienza una sistemática limpieza del cuarto de mi hijo llenando el contenedor con todos los objetos que se encuentra en el suelo. El problema es que, cuando deja el suelo limpio, va a donde está mi hijo para recabar su recompensa.

Un día en el que todos los miembros de la familia estábamos juntos en ese cuarto, mi hijo le ordenó limpiar para luego enfrascarse con nosotros en una conversación. La buena de Terra, recogió todo la habitación pero, al no ser atendida por su dueño, al final de trabajo, volvió a sacar todos los chismes del cubo y los esparció por el suelo. Después de esta faena, comenzó por el principio, esto es, los volvió a recoger y reclamó de nuevo su “jornal”, esta vez con éxito.

El viejo repartidor

Usted lector sabe como yo, que no hay mayor placer que leer un buen libro al lado del fuego del hogar, en las noches de invierno y mientras la nieve cae en el jardín. Para mantener viva la llama hay que levantarse y traer leña a la chimenea y eso, ya no es tan placentero. Si Truco ha sido adiestrado en la orden de ¡Trae!, a usted no le costará trabajo convencerlo de que ese servicio puede desarrollarlo él.

Mi perro fue condicionado para traer “troncos” y ahora, ambos disfrutamos de aquel condicionamiento. Él va hasta la leñera y los trae para que yo los eche al fuego y, a cambio, yo le permito que se enrosque junto a mí y disfrute de un calorcillo necesario para secar sus viejos huesos.

El único problema consiste, como siempre, en acordarse de inhibir la orden. De no hacerlo, el buen perro seguirá aportando troncos a la chimenea hasta que la leñera se haya trasladado al salón.

No dude en enseñarle a su perro a ganarse el pan de cada día. Usted inventará las necesidades hogareñas en las que él pueda ser un protagonista, un trabajador que siempre esté dispuesto para la faena, que no se sindique ni pida aumento de sueldo, que no lo lleve a la Magistratura por problemas laborales y que, además, sea su amigo y no critique al Jefe.

Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
Diplomado en Estudios Avanzados Universitarios de 3º Ciclo (línea de investigación; comportamiento animal y humano). Asesor y terapeuta en comportamiento animal (título propio de la Universidad de Granada). Estudió Etología en el Departamento de Biología animal y Ecología de la Universidad de Granada. Fue Fundador y Presidente de AEPE (Asociación Para el Estudio del Perro y su Entorno). Autor de cientos de artículos, y de los libros "En los Bancales del Sur", "HUTA" y "La Etología del Perro".
Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
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