La etología del Perro - Con el último suspiro

Con el último suspiro

No quería comentarle a usted, amable lector, nada sobre el estado de ánimo en el que se encuentra este humilde escritor derivado de la pérdida reciente de la mejor de sus perras.

Quizás mi obligación auto impuesta sería la de continuar con los artículos de esta serie sin dejar que en ellos se filtrara algo de mi vida particular y mucho menos de la tristeza que me embarga pero, la complicidad que hemos adquirido en estos últimos años, me lleva a compartir con usted el concepto de que la ciencia es una cosa y los sentimientos otra muy distinta.

Tana ha muerto de vieja

Como le decía, la mejor de mis perras ha abandonado definitivamente el territorio hace muy pocos días y lo ha hecho con la dignidad que acompaña a los de su especie.

Aunque yo sea consciente de que ningún animal, que no sea humano, es capaz de predecir su futura muerte ni tenga el sentimiento de miedo que acompaña a los componentes de la especie elegida, la mirada de mi perra parecía indicar su deseo de una despedida a la hora de salir por la puerta de su territorio.

Como consecuencia de una bursitis, fue operada hace un mes. De la herida y de aquel problema quedó bastante bien pero la medicación del postoperatorio le afectó a su estado inmunológico y contrajo una neumonía.

A sus once años, el organismo ya no respondió como la vez que se vio aquejada de algo también grave en su época de cachorra.

Durante toda una semana fue atendida, mañana y noche, por el veterinario que intentaba desesperadamente liberar sus viejos pulmones de la infección. El animal no comía, no podía salir al jardín para realizar ni siquiera sus necesidades fisiológicas y permanecía echada en un rincón del cuarto de estar con los ojos perdidos en el infinito.

El séptimo día de la enfermedad, nuestro facultativo dictaminó un empeoramiento de su estado general. Ya no le hacía efectos la medicación y ni siquiera podía moverse dentro de la habitación. ¡Estaba sufriendo!

Me acuerdo que, hacía muy pocos días, yo había escrito para ustedes un artículo sobre la vejez del perro y, menos días aún, el último capítulo del libro La Etología del perro. Les recomendaba afrontar el final con decisión, les hacía hincapié en el concepto de no hacer sufrir innecesariamente a nuestro amigo y les explicaba como veían ellos la proximidad de su muerte.

Yo ya he perdido muchos perros, casi todos de viejos, pero este animal era el que yo regalé a mi esposa para devolverle el favor que me hizo, hace doce años, al regalarme a Roco. Mi perrilla Tana era nuestra preferida y la sentencia del veterinario nos cayó encima como una losa. ¡Era necesario sacrificarla!

Mi esposa se encerró con ella durante toda una noche, antes de tomar la decisión final. Luego vino el tomarla en brazos y llevarla a la consulta de su amigo el veterinario. Mi hijo y yo nos encargamos de pasar con ella sus momentos finales. Con el último suspiro me lamió la cara mientras le decía a la oreja: ¡Adiós, vieja perra!

La hembra preferida de Roco

Cuando Tana llegó al territorio era la última de cuatro perras junto al entonces cachorrón Roco. Ya estaban con nosotros Nika, la perrilla Terra, y la vieja Kika. El escalafón acababa en la vieja maestra de mi cachorro, la endemoniada grifona.

La Etología del Perro - perro enfermoTana tuvo que empezar por el principio sin tener entonces el carácter de Alfa con el que murió. Supo pegarse a Roco y a Kika y conseguir la protección de ambos. Desarrolló una comunicación agonística que le resultó muy exitosa y que consistía en gruñir amenazadoramente a cualquier hembra que se atrevía a acercarse a Roco o a mi esposa, su dueña.

Parecía que iba a atacar pero nunca llegó a hacerlo. Si realmente se hubiera enfrentado con Nika, habría perdido y se hubiera visto forzada a adoptar otra táctica pero, esta le funcionó hasta su muerte. ¡Nadie podía acercarse a Roco!

El macho por otro lado, disfrutaba de sus juegos con Tana en los que siempre había un revolcón para la perra. Curiosamente y, hasta su muerte, ninguna perra se ha atrevido, ni se atreve, a mordisquear los belfos del viejo semental, sujetarlo del cogote o tratar de quitarle parte de su comida.

Era tal la confianza que mostraba hacia su compañera que llegaba a tumbarse boca arriba y enseñarle los testículos mientras gruñía como un cachorro.

Mi esposa opina que Roco la crió y esa complicidad se forjó desde que el animal entró por la puerta del territorio y, aunque yo tenga otras hipótesis, esta no me parece en absoluto descabellada.

El viejo viudo

Lo curioso y a la vez dramático de esta historia es el cambio de conducta que ha experimentado mi viejo semental. Durante la enfermedad de Tana, el animal no se separó de ella excepto para salir a rondar y para comer. Lamía constantemente la cabeza de la perra y se agitaba cuando el veterinario la inyectaba o masajeaba.

El día en que mi hijo y yo la pusimos sobre una manta para sacarla definitivamente del territorio, el animal trataba de venirse con nosotros, pero no con los signos de alegría que muestra cuando llaga su hora de paseo sino más bien con una profunda desesperación.

A la vuelta nos olió y revisó el coche, dio vueltas por el territorio una y otra vez y nos miraba de una forma extraña. Parecía como si preguntase: ¿Dónde está la perra?

Desde entonces Roco no es el mismo, ya no juega con ninguna perra, ya no quiere comer con ellas, ya no sale al jardín por la mañana, con ladridos de alegría y sobre todo, ya no canta al atardecer.

Muchas veces los etólogos lanzamos hipótesis, tesis o sentencias pero, otras muchas, quedamos tan desorientados frente a una conducta inexplicable que damos por buena la frase de “cuanto más estudio más me convenzo de lo poco que sé”. Este es mi caso aquí y ahora.

¿Qué le pasa a mi perro desde que murió su compañera? ¿Qué quiso expresar mi perra cuando lamió mi cara con el último suspiro?

Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
Diplomado en Estudios Avanzados Universitarios de 3º Ciclo (línea de investigación; comportamiento animal y humano). Asesor y terapeuta en comportamiento animal (título propio de la Universidad de Granada). Estudió Etología en el Departamento de Biología animal y Ecología de la Universidad de Granada. Fue Fundador y Presidente de AEPE (Asociación Para el Estudio del Perro y su Entorno). Autor de cientos de artículos, y de los libros "En los Bancales del Sur", "HUTA" y "La Etología del Perro".
Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros

Últimos artículos deAntonio Pozuelos Jiménez de Cisneros (ver todos)