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Etología Aplicada (1): La Etología y nuestro perro
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Como sabemos, la Etología es la
ciencia que estudia el comportamiento de los animales en libertad y las soluciones
que estos dan, a los problemas de supervivencia y reproducción.
La Etología aplicada es una derivación de la ciencia pura que nos ayuda a comprender
los patrones de conducta de aquellas especies, que en su pasado fueron libres
y ahora, acompañan al Hombre en calidad de animales domésticos.
Esta ciencia, como todas está basada en el método científico y este, a su vez,
en la pregunta obligada, ¿Por qué?.
Si oímos a un ruiseñor cantar o a un perro ladrar y nos preguntamos;
¿Por qué?, estamos
empezando a pensar como el primer etólogo que descubrió que los
leones matan a los cachorros de los territorios que acaban de ocupar. Al ser
esta conducta chocante, investigó y llegó a la tesis de que solo
buscan elevar su aptitud mediante el infanticidio y eso, es bueno para ellos.
¿Por qué ladra el perro?
Seguramente encontraremos varias soluciones correctas para esta pregunta.
1.- Ladra, porque desciende de otros que sabían hacerlo.
2.- Ladra, porque han aprendido de sus mayores.
3.- Ladra, porque tienen un aparato fonador que se lo permite.
4.- Ladra, porque lo necesitan para sobrevivir o reproducirse.
Todas estas respuestas son acertadas pero, las dos últimas son las más
adecuadas, ya que las primeras son obvias. Pensamos entonces, que lo más
importante en la vida del perro es sobrevivir
y reproducirse - ¡Estamos en lo cierto!. Pero no creamos que estos
afanes son exclusivos de los perros porque todas las especies (incluida la nuestra),
participan de ellos.
Entonces, la supervivencia consistirá en llegar al periodo de reproducción,
vivo y en las mejores condiciones posibles para tener mucha descendencia.
Si el Perro desciende del Lobo y sigue manifestando casi la totalidad de sus
patrones de conducta, podemos ir desgranando este concepto de supervivencia
pensando en una manada de cánidos en libertad.
Para sobrevivir, el perro necesita en primer lugar lo que se llaman cuidados
parentales. Los otorgan, como es lógico, sus padres y otros miembros
de la familia. Necesita aprender todas aquellas conductas que le lleven a jerarquizarse
para no ser expulsado del grupo o agredido por los adultos. Luego tiene que
aprender a cazar, lo que es igual que aprender a acceder
a las fuentes de recursos. Si ha de continuar vivo deberá evitar
la depredación, y ya cuando domine estas conductas, deberá
ser el más apto en el cortejo
para conseguir más cópulas y ser padre y abuelo de más
cachorros.
Cuando llegue a la época de reproducción, el atolondrado perrito
que adquirimos un año antes, se habrá convertido en un ejemplar
adulto capaz de proporcionarnos muchos años de convivencia agradable.
El perro, como todas las especies que forman grupos estables y duraderos, es
muy gregario y disfruta de la cercanía del Hombre y sus familias, y el
concepto de gregarismo nos lleva a la primera pregunta: ¿Por
qué quiere estar con nosotros? La respuesta es casi obvia: porque
le solucionamos casi todos los problemas de supervivencia y reproducción.
Lo aprendió hace dieciséis mil años y la verdad, es que
le ha ido muy bien. A nosotros también nos ha solucionado muchos problemas
que nos afectan hasta en la propia supervivencia y en la necesidad del gregarismo
que también el Hombre posee.
El Perro siente por nuestra especie un cariño que no demuestra hacia
ninguna otra. Es capaz de integrarse en nuestras jerarquías de grupo,
y si lo convencemos, nos tomará por líderes y aceptará
sin discutir cualquier orden que le demos por equivocada que sea.
Si llegamos a pensar que este cariño es el único lazo que nos
une a esta especie y que nuestro perrito entiende todas las conductas humanas,
caeremos en el antropomorfismo que sería lo opuesto a considerar tonto
a un animal por el mero hecho de serlo.
Llegados a este punto surge la siguiente pregunta: ¿por
qué es más feliz manteniéndose junto a nosotros que abandonado
en la calle y a su libre albedrío?.
Los perros libres (Licaones, Dingos, etc.), al igual que los lobos, tienen unas
estructuras jerárquicas de grupo muy estrictas. Son gobernados por un
señor feudal (macho ó hembra Alfa) que otorga beneficios a cambio
de costes. Así, ellos comen más, cazan mejor, sus hijos están
mejor cuidados y copulan con los mejores especímenes de la manada. Los
gobernados no tienen estos privilegios pero comen, están protegidos contra
la depredación y también, en menor grado, tienen descendencia.
Si estos Betas no se revelan contra este sistema es porque
les va muy bien con él. Tanto es así, que cuando un subordinado
es derrotado por el dominante y expulsado de la manada, es inmediatamente depredado.
La cooperación en la caza, la evitación conjunta de la depredación,
la cría cooperativa y otros muchos factores hacen que nuestros perros,
descendientes de estos, sepan muy bien que en el grupo está la fuerza.
Y si algún lector se sorprende, pensad que nosotros opinamos lo mismo.
¿Quiere esto decir que yo, propietario de un perro, debo ser el señor
feudal y él el siervo? ¡Rotundamente, sí!. De no
ocurrir así, ya se encargará él obligado por su instinto,
a otorgarse la categoría de Alfa y a hacernos Betas a nosotros y entonces,
empezarán los problemas que iremos viendo poco a poco, y en términos
de pregunta a lo largo de estos artículos.
Si estamos convencidos de que nos debemos investir de la autoridad que ante
nuestro perro ostentamos veamos pues, las atribuciones y los deberes a los que
nos obliga nuestro mandato.
¿Debo entrar por la puerta antes que
mi perro? Por supuesto. ¿Qué soldado lo haría antes
que su capitán?.
¿Por qué mi perro gruñe cuando me acerco a su comida?
Porque tú no le has enseñado a alimentarse cuando tu quieras y
no cuando quiera él.
¿Le puedo dar unos sopapos para convencerlo de que yo soy el que manda?
Creo que a todos nos los han dado nuestros padres para enseñarnos modales
y al final aprendimos a respetar al resto de la sociedad en la que vivimos.
Estas preguntas sobre nuestro status y muchas más surgirán en
sucesivos artículos. Las trataremos de contestar encuadradas en el orden
cronológico, es decir, cuando se produzcan en la crianza y educación
de nuestro amigo.
Por supuesto el ser líder nos obliga a:
Prestarle atención al subordinado.
Cubrir sus necesidades básicas (Otorgar recurso)
Cuidar de su salud (Evitar su depredación).
Mantener en lo posible su éxito sexual.
Esto, básicamente, es solucionarle
los problemas de supervivencia y reproducción.
Veamos ahora, otros conceptos etológicos que nos ayudarán bastante
a entender la conducta de nuestro amigo, su
inteligencia y su forma de decidir.
La inteligencia del perro es cualitativamente igual que la nuestra, es decir,
tiene los mismos patrones inteligentes que nosotros. El problema es que cuantitativamente,
está a muchos millones de años de evolución respecto a
nuestra especie. Así, es capaz de predecir los resultados futuros de
una acción. Si cuando es adulto y está educado, defeca en una
zona que le hemos prohibido, sabe que cuando sea descubierto, será castigado.
También utiliza los procesos de la memoria de la misma forma que nosotros
y sobre todo tiene una capacidad de aprendizaje súbito o resolución
muy parecida a la nuestra. Esta capacidad es la que le permite solucionar problemas
desconocidos utilizando los datos adquiridos en otro contexto similar. Pero,
por encima de todo, está la humanización
a la que ha sido sometido durante 16.000 años. Esta cualidad no la posee
el Lobo ni ninguno de sus parientes y hace que el perro desarrolle ciertas habilidades
humanas que le hacen superior a ellos en su evolución como especie.
¿Un perro es capaz de decidir? ¡Claro que sí!. Si
bien no lo hace recopilando tantos datos como nosotros, sus decisiones son bastante
más básicas pero también más acertadas que las nuestras.
Queremos decir que tienen una capacidad de no equivocarse superior a la humana.
¿Cómo deciden? Ellos
barajan una ecuación muy simple, la relación costes / beneficios.
Realmente todos los animales toman sus decisiones basándose en esta ecuación.
Nosotros los humanos, la sofisticamos buscando un montón de datos antes
de actuar, ellos no. Si al andar, voy pegado
a la pierna de mi dueño, recibiré caricias, si me adelanto sufriré
un molesto o doloroso tirón, luego andaré pegado.
Aparte de esta capacidad decisoria, tienen algo a su favor respecto al humano,
su nivel de instintos. Nuestra socialización, cultura, creencias o ética,
nos obligan a veces a separarnos en nuestras decisiones de lo que nuestra biología
nos demanda, pero a ellos no.
¿Es verdad que, el bien de la especie
está por encima del bien del individuo? De ninguna forma. Desde
1976 todos los etólogos, biólogos, psicólogos, sociobiólogos
y antropólogos están de acuerdo en que es el individuo, con su
egoísmo, el que hace que la especie evolucione. Por tanto en la canina,
como no podía ser de otra forma, el perro que mejor vele por la solución
de sus problemas de supervivencia y reproducción, será el más
apto y el que nosotros necesitamos.
Insistimos tanto en este concepto para que, en los artículos sucesivos,
comprendamos el enfoque desde el que debemos observar al perro.
Él necesita solucionar sus problemas y nosotros también.
Por último, es obligado hablar del concepto de dolor (para no herir la
susceptibilidad de algún dueño que no esté de acuerdo en
administrarle un sopapo a su perro en el momento oportuno).
Decía Dawkins, que pensar que
un perro sufre por estar encerrado es tan burdo como pensar que un pez debe
ahogarse debajo de agua como nos ocurriría a nosotros. Los perros no
sufren por las mismas cosas que nosotros aunque el concepto de sufrimiento sea
igual que el nuestro. Queremos decir que si le damos un mamporro a un mastín
con la fuerza suficiente como para hacer daño a un hombre, quizás
lo que consigamos sea acariciarlo si este golpe no va unido a una presión
emocional que le duela más que el sopapo. Hay niños a los que
la sola mirada del padre les coarta y otros a los que ni los reformatorios los
enderezan. Nos referimos a que los cánidos ven en el castigo algo que
forma parte de su jerarquización y el dolor que sienten en él
vendrá impuesto por su rango de percepción psicofísica.
Si vemos los reportajes sobre los perros libres observaremos los tremendos mordiscos
que Papá Dingo atiza a sus cachorros si pretenden comer antes que él.
Esto si que es un castigo y no la amable regañera que sufre un perro
cuando nos gruñe por acercarnos a su plato.
Bajo ningún concepto debemos brutalizar a nuestro amigo pero tampoco
le pasará nada si, en el periodo educacional, le recordamos que también
a muchos humanos nos han dado un cachete a tiempo y ahora, somos buenos hombres
y además sus líderes.
Estas breves nociones de Etología serán la base para ir desgranando,
a lo largo de estos artículos, todos los ¿Por qué? y preguntas
que nos formularemos sobre la conducta de nuestro perro a través de toda
su vida.
Enlaces relacionados:
Richard
Dawkins (en inglés)
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