Cuando Truco y Kika están cercanos al año
de vida y, si hemos actuado con lógica, nos sorprenderemos un día
pronunciando el famoso tópico: ¡A mi perro solo le falta
hablar!. Realmente no le falta porque... ¡Se pasa el día
hablando!. El problema es que, a esta edad, ellos se han aplicado en el
estudio del lenguaje y la expresión humana, mientras nosotros nos
hemos empeñado en no estudiar el suyo y enseñarle el nuestro.
Ellos son los alumnos licenciados Cum
laude, nosotros los suspendidos.
En un artículo anterior, les contaba como el mas viejo de mis perros
ha llegado a entender cerca de 100 vocablos en español pero ahora,
debo reconocer que yo no alcanzo las mismas cotas de sabiduría
respecto a sus "palabras". Yo, como humano estudioso de sus
costumbres, reconozco unos cinco estados de ánimo, 10 o 12 expresiones
corporales y unos cuantos tipos de vocalización. Roco adivina,
en el acto, mi estado de ánimo y actúa conforme a lo esperado
por mí y, de esa forma, sé que él los entiende.
Cuando un perro adulto, jerarquizado y educado ve a su dueño tremendamente
enfadado tratará de alejarse hasta la "distancia de seguridad"
para, desde allí, observarlo y decidir si él es el objeto
del enfado. Pasada la tempestad y si no se siente culpable, se aproximará
con las orejas gachas, rabo en giro como aspas de ventilador y mirada
sumisa. Cuando tome contacto con el dueño acabará el display
(1) de conducta social y si observa que el dueño se tranquiliza,
él adoptará el mismo estado de ánimo. ¿Por
qué?.
Los cánidos aman profundamente la "tranquilidad territorial"
y están dispuestos a "cualquier cosa" para recuperarla.
Si además, el que la pierde es el Líder, la respuesta del
subordinado será directamente proporcional al grado de agitación
de aquél.
Un buen día en mi consulta, el dueño de un Dogo alemán
me contó una historia que rompió mis esquemas de estudio.
Resulta que este hombre asistía periódicamente a sesiones
de terapias psicológicas por un problema de malos tratos a su esposa.
Ya había sido denunciado y realmente tenía ganas de solucionar
su difícil convivencia.
El terapeuta trataba sin éxito de hacerle reconducir su conducta
cuando al paciente encontró casualmente una válvula de escape.
Una noche regresó a casa en estado de embriaguez y, al ser reprendido
por su esposa, levantó la mano para golpearla. Su perro, de diez
meses, se interpuso entre los dos y recibió el puñetazo.
Después del primero llegaron más y más golpes para
el pobre can hasta que, cansado uno y molido el otro, se restableció
la paz territorial. Esta situación de agresividad redirigida por
parte del dueño hacia su perro, se prolongó durante algunos
meses. El perro aguantaba los golpes a diario y terminaba lamiendo a su
dueño justo en las comisuras de la boca cuando detectaba la proximidad
del fin de la pelea.
 |
El individuo acabó sometiéndose a
una desintoxicación alcohólica y las situaciones de maltrato
no se volvieron a reproducir. Ahora el problema, lo tenía el perro.
Cuando el dueño volvía a casa, el animal lloraba, se agitaba,
defecaba y miccionaba en el suelo. Hasta que no conseguía lamer
la boca de su dueño, no recuperaba la tranquilidad, había
contraído una neurosis obsesiva y su obsesión era la "paz
territorial".
Traté al perro porque estimé su valía como espécimen
canino, no porque la calidad moral y humana del dueño lo mereciera.
Si este buen Dogo hubiese actuado de esa forma con su hembra, lo hubiera
considerado un animal desechable y tarado. Desgraciadamente, el maltratador
humano, no fue expulsado de la sociedad pero sí de mi consulta.
He contado esta anécdota para introducir la siguiente pregunta:
¿Tiene un significado lógico
el que nuestro perro trate de lamernos siempre en las comisuras de la
boca?. Si lo tiene. Cuando los progenitores cazan y vuelven a la
madriguera, los cachorros en destete, lamen reiteradamente esa zona de
la boca paterna para estimular la regurgitación de la comida predigerida.
Esa conducta adaptativa en un principio para obtener recurso, se mantiene
a lo largo de su vida como acto social de sumisión. Mis hembras
lamen continuamente la boca de Roco sobre todo, cuando está de
mal humor. Él hace lo mismo conmigo y, la verdad, es que me tranquiliza.
Hablemos de comunicación
Si llamamos actor al que quiere comunicar
y receptor al que recibe la comunicación, podemos definir este
concepto como: proceso por el
cual los actores usan señales especialmente diseñadas, para
modificar la conducta de los receptores.
Los perros usan señales muy fiables y sobre todo muy "honestas".
Los humanos somos algo más deshonestos en nuestras comunicaciones
de tal forma que, cuando un borracho se tambalea, está intentando
comunicar que necesita ayuda para conseguir el equilibrio y, sin embargo,
lo que consigue es que cambiemos de acera. Los perros, en su trato con
nosotros, han aprendido algo de nuestra deshonestidad comunicativa pero
solo consiguen engañar con ella a los seres humanos. Entre
ellos, es muy difícil el engaño.
Basándonos en el concepto anterior podríamos afirmar que
una señal solo puede ser considerada como tal cuando es capaz de
modificar la conducta de quién la recibe.
En el ejemplo anterior, el borracho no consigue modificar la conducta
de otro humano o, por lo menos, no en el sentido deseado. Si un perro
me enseña los dientes y me hace huir, seguro que ha conseguido
emitir una señal correcta.
El lenguaje de
mi perro
Los perros, como todos los cánidos, se comunican a través
de tres grandes grupos de señales:
Vocalizaciones.
Expresiones faciales.
Expresiones corporales.
Dentro del primer grupo distinguimos el ladrido,
el gemido y el gruñido. El primero es heredado de su antepasado
el Lobo, si bien es verdad que éste solo lo utiliza en su etapa
infantil ya que, cuando un lobo llega a adulto deja de comunicarse de
esta forma para utilizar el aullido. Los perros, sin embargo, mueren ladrando
y parecen lobos que nunca alcanzarán la madurez.
El gruñido si es común a todos los cánidos y puede
ser considerado como una señal de baja intensidad o como el primer
paso de un display (1).
Las expresiones faciales del perro son básicas en cuanto que sus
músculos no están tan adaptados a la expresión como
los nuestros. Las veremos en el próximo artículo.
En las expresiones corporales sí contemplaremos un amplio abanico
de señales que, unidas a las faciales y vocalizaciones, forman
un completo diccionario de lenguaje canino.
¿Todo eso
puedes decir con ladridos, Truco?
| Los ladridos pueden clasificarse
por su tono en: |
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Roncos o bajos.
Normales o medios.
Agudos o altos. |
| Por su intensidad: |
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Alta.
Baja.
Media. |
| Por el timbre: |
| |
Secos.
Prolongados.
Aullidos. |
Así, un ladrido puede ser ronco, alto y
seco para mostrar, en este caso, la decisión de pelear o defenderse.
Los gemidos y gruñidos pueden ser encuadrados entre los ladridos
ya que pertenecen al mismo grupo de comunicación fónica
de tal forma que, un gruñido ronco, profundo y mantenido suele
ser el aviso de una posible defensa sobre todo, si va acompañado
de una descubierta de colmillos y/o un erizamiento de las cerdas dorsales.
Los gemidos suelen ser utilizados como funciones sociales y expresiones
de dolor o alegría. Son las expresiones menos evolucionadas dentro
de las comunicaciones de vocalización. Así, unos gemidos
acompañados de movimientos horizontales de rabo. Indican siempre
alegría o ganas de jugar.
¡Aquí
pasa algo!. Ladridos de tono medio, encadenados y secos. Los utiliza
nuestro perro cuando advierte peligro no inminente pero real. Puede ser
el aviso de una invasión del territorio.
¡Estoy
aburrido!. Encadenamientos de 4 ó 5 ladridos de tono medio
con pausas de 3 ó 4 segundos de intervalo, secos y de intensidad
baja. Suelen ser utilizados para llamar a otro congénere que esté
lejos. Se producen más entre los especímenes subordinados
y afectan a la paciencia del dueño y sus vecinos.
¡Hola,
Jefe!. Ladridos agudos, secos de alta intensidad, cadenas de 1
ó 2. Los acompaña de movimientos horizontales de cola. Parecen
"escopetazos" lanzados a la cara del dominante.
¡Dame
agua!. Un solo ladrido agudo de intensidad alta y seco. Se acompaña
de una mirada previa a la cara del Líder y una segunda en la dirección
del objeto o recurso que el animal desea. El rabo no descansa mientras
se produce esta comunicación.
¡Vamos
a jugar!. Es el mismo ladrido anterior pero encadenado. El perro
suele agachar el tren delantero y levantar el trasero. La mirada se fija
en el individuo al que Truco llama.
¡Déjame
en paz!. Gruñido de tono normal, de baja intensidad y prolongado.
La mirada al receptor se hace de reojo y suele ir acompañada de
una incipiente muestra de colmillos. Es el aviso de un dominante hacia
un subordinado o cachorro molesto.
¡Ven aquí,
cachorro!. Ladrido de tono alto, intensidad alta y seco. Se lanza
aislado, es decir, uno solo y mirando en la dirección del receptor.
¡Estoy
asustado pero soy capaz de atacarte!. Gruñido que se mantiene
hasta que se convierte en un ladrido de defensa.
¡No estoy
bien en este territorio!...¡Me quiero ir con los míos!.
Comienza en ladrido de aburrimiento para convertirse en aullido suave
y prolongado. Es muy normal en razas nórdicas e incluso en los
Pastores belgas. Se atribuye a la falta de neotenia. Muchos dueños
enseñan el arte de "cantar" a su perro, mediante el aullido.
Yo soy uno de ellos y mi viejo Roco (consumado cantor) hace las delicias
de las visitas cuando aúlla entonado con el Do central del piano.
En estos casos, que ya no son espontáneos, el aullido es una comunicación
social o actividad lúdica del perro. Asimismo, en el Lobo, el aullido
es empleado para comunicarse a largas distancias y convocar reunión
de manada.
¡Esto
no me gusta!. Gemido suave, prolongado de baja intensidad y sonido
como ¡Piiiii...Piiiii!. Los dueños de Pastores alemanes lo
sufrimos cuando nuestro perro está haciendo algo que le mandamos
y él quiere irse a hacer otra cosa. Es una auténtica comunicación
de protesta.
¡Invasión
real del territorio!. Ladrido de defensa, encadenado y con la cabeza
vuelta hacia el peligro. Suele ir acompañado de erizamiento de
cerdas dorsales, orejas enhiestas y boca cerrada (mientras no ladra).
¡Me duele,
me rindo!. Chillidos que suenan como ¡Yaiii...Yaiiii....Yaiiii!.
Con esta comunicación se acaban las peleas entre ellos (por abandono
del vencido) o se queja Truco de la inyección "en hueso"
que le administra su dueño.
¡Estoy
estresado!. Jadeo continuo que puede estar acompañado del
¡Piii...Piiii!. Siempre va unida a esta comunicación, una
facial, el estiramiento hacia atrás de los labios (parece como
si trataran de reírse). Cuándo el jadeo es mas relajado,
se acaba el ¡Piiii! los labios vuelven hacia delante y podemos decir
el perro está liberando estrés.
¡Se acabó,
me relajo definitivamente!. Gruñido tirando a ronquido,
de baja intensidad y largo. Truco parece desplomarse en el suelo.
Estas son las señales de vocalización
más frecuentes. Si a ellas unimos las corporales y faciales verá
el lector, la cantidad de combinaciones que podemos descifrar en el diccionario
perruno de nuestro amigo. Todo es cuestión de paciencia y de aceptar
la equivocación frecuente pero, les garantizo que, a lo largo de
dos años, la comunicación con su perro será de lo
más fluida. ¡Ya me gustaría a mí comunicarme
con un chino como lo hago con mi viejo Roco! Y eso que el chino, es de
mi misma especie.
En el siguiente artículo trataré de exponer los otros grupos
de señales para tratar de completar ese diccionario tan necesario
para los que pretendemos "hablar" con nuestros colegas de manada.
(1) El Display
o secuencia
son una serie de actos encadenados que nos hacen predecir una conducta
compleja.