Adiestrando perros

¡Adiestrando!

Si usted ha decidido adiestrar a su buen Truco, debo decirle que le considero el mejor maestro que podía tener el perro. Usted sabe como funcionan los esquemas mentales, sus manías, preferencias, carácter y virtudes.

Ataque esta tarea teniendo en cuenta que usted pasará de ser el amigo y compañeros de juegos de Truco a ostentar el título de maestro, dueño y señor. A partir de ahora, ya no habrá sugerencias como: ¡no ladres más al vecino! si no órdenes como ¡Calla!. Se acabó el ¡échate por ahí y no molestes! para sustituirlo por el ¡Suelo!. Truco es algo más que un componente familiar, es un alumno.

Las virtudes del maestro

Haga usted lo que haga, a su perro le va a parecer bien. Si usted se equivoca, Truco se lo va a perdonar con mas alegría que su jefe si se equivocara en el trabajo cotidiano y, si el adiestramiento se alarga tampoco el alumno se va a cansar. Todas estas bondades que nos brinda nuestro pupilo, solo se pueden pagar con el deseo de ser un buen maestro.

adiestrador de perrosAntes de comenzar a trabajar debemos hacer una composición de lugar y fijarnos nuestro esquema de trabajo, las órdenes que vamos a enseñar, como las encadenamos, los lugares de trabajo, el material y los posibles ayudantes.

A continuación, comenzaremos por estudiar para que no exista ninguna duda cuando salgamos el primer día con Truco ya que, en ese momento, todo debe estar preparado para no dar paso a la improvisación.

La edad de adiestramiento debe fijarse en ocho o diez meses según el desarrollo intelectual del animal pero, a estas alturas, usted sabrá muy bien cuando Truco está preparado. En estos momentos, el estudio, el cariño, la paciencia y la constancia son las virtudes del buen maestro. Comenzaremos pues, con la asignatura fundamental que usted debe aprender.

Condicionando a mi perro

Le decía en artículos anteriores, que yo no voy a enseñarle a adiestrar si no que trato de mostrarle como funciona la mente de Truco para que usted decida después, como debe aplicársele la técnica.

El enseñarle a su perro a sentarse a la orden, lo podemos considerar como realizar sobre él una adquisición de hábito. El ya sabe sentarse pero ahora, lo tendrá que hacer en el momento preciso y por medio de una voz, orden o comando. A cambio de esta acción correcta. Truco recibirá una recompensa variable en su intensidad, es decir, adecuada a la respuesta.

Los experimentos de Iván Petróvich Pávlov en 1927, dieron lugar a la creación de un sistema de aprendizaje conocido por Condicionamiento clásico o pavloviano. Posteriormente, E. L. Thorndike ajusta la habilidad del animal al Condicionamiento Instrumental u Operante. Este tipo de condicionamiento será el más utilizado en el adiestramiento de nuestro perro.

Sin entrar en conceptos complejos, veamos un esquema de adquisición de hábito por Condicionamiento Operante.

pozuelos

Pongámonos en el caso de que, la primera orden que vamos a enseñar a Truco, es la de pegarse a nuestra pierna izquierda, no dar tirones ni retrasarse y ejecutarla cuando le demos la orden de ¡Junto!. Este esquema de adquisición de hábito sirve para todas las órdenes que queramos enseñarle ya que el método es el mismo.

Vemos en el dibujo tres grupos; el de Contexto, el de Respuesta y el de Consecuencia. El primero debe ser como un preámbulo de la sesión de adiestramiento, es decir, si pretendemos que el perro trabaje por comida deberemos poner anteriormente al animal en privacidad de alimentos porque de estar bien comido a la hora del trabajo, Truco no responderá de la misma forma que si quiere la golosina como premio pero para saciar su hambre.

En el ejemplo de la comida, también debemos incluir el concepto de saturación. Cuando ejecutamos el ejercicio y premiamos al perro con grandes porciones de alimento, el número de repeticiones que el animal acepta con interés, disminuye sensiblemente.

Si Truco es un “enamorado” de su mordedor o pelota, utilizaremos la privación de juego para que el animal, en este caso, cambie trabajo por juego, esto es, utilizaremos un momento de juego como recompensa.

Cada dueño sabe cual es el punto débil de su perro y, por tanto, lo utilizará como elemento de privacidad en el primer bloque del esquema.

El perro sabe que pasa algo pero no averigua lo que su dueño pretende de él. Ambos comienzan a andar y, en un momento determinado, usted le da la orden de ¡Junto!. El animal la ignora porque no la conoce pero le introducimos una pequeña ayuda como por ejemplo un tirón de la correa.

Ahora pasamos al bloque de Respuesta. Cuando emitamos la orden puede que el animal, por casualidad, toque nuestra pierna (seguro que en no más de tres ayudas, lo consigue). En este caso e inmediatamente, le suministramos una recompensa y digo inmediatamente, porque el premio debe ir unido en el tiempo a una respuesta adecuada.

También es posible que, aún con la ayuda, el perro no comprenda lo que esperamos de él. Si es así, se mantendrá el ejercicio reiterándolo tantas veces como sea necesario hasta que se produzca la respuesta adecuada pero sin concederle, hasta entonces, ni la más leve recompensa. Esta recompensa conforma el bloque de Consecuencia, es decir, debe recompensar con aquello que al perro le falta en ese momento.

Si ha decidido recompensar con juego, déjele morder durante unos segundos su juguete para retirárselo de inmediato y volver a ordenar ¡Junto!, pero no le dé de comer porque suponemos que el perro está en privacidad de juego y no de comida.

Al llegar aquí, el animal ha ejecutado su primera orden y ahora, hay que reiterársela varias veces hasta que la ejecute con la precisión que usted decida que debe hacerlo. Esta precisión se logra poniéndole cada vez más difícil la consecución de su premio, esto es, una respuesta más precisa para una Consecuencia deseada.

El librillo del maestrillo

Así de difícil y de fácil es adiestrar. Ahora toca perfeccionar las órdenes para pasar a la siguiente pero ¡cuidado!, el perro olvida con más velocidad que aprende. Nunca pase a una orden nueva hasta que la anterior se ejecute como usted quiere.

Aún sin pretender enseñarle a adiestrar, quiero darle algunos consejos que formen el librillo que todos los maestros tienen.

1. No sobrepase los veinte minutos de clase porque el perro tiende a saturarse y perder interés por el premio.

2. Durante la clase, Truco no debe perder la concentración, ni debe oler otras cosas que no sea su mano, ni dedicarse a “comer hierba”, ni mirar un gato lejano. Solo debe estar atento a usted y para eso es necesario que lo motive.

3. Cuando el perro domine una orden nueva, no alargue la clase. Córtela para que el animal se vaya pensando que lo ha hecho bien. Si hace lo contrario, esto es, terminar porque no acaba de comprender, el sinvergüenza de Truco se las ingeniará para simular, al día siguiente, que ignora totalmente lo aprendido.

4. Sea extremadamente paciente y sobre todo, tranquilo durante las clases. La mejor adiestradora que conozco es una mujer inquieta que transmite su nerviosismo al alumno. Para corregir ese problema realiza ejercicios de yoga veinte minutos antes de comenzar a adiestrar y como ella dice, entra en el campo de trabajo “suave como la seda”.

5. Cuando dé una orden, espere a que se cumpla de una forma u otra. Acuérdese del “Gato” y no piense que por repetirla, el perro la va a cumplir mejor. No se piense, por tanto que Truco no le oye; es que no quiere escucharle.

6. Háblele bajo a su perro, casi en susurros. Truco es un artista del oído y, a la distancia a la que se encuentran, tenga por seguro que oye hasta su respiración. Si le hablamos normalmente bajo, el día que queramos imponernos lo podemos hacer aumentando ligeramente el tono de voz.

7. No castigue con las órdenes ya que estas deben darse siempre en tono amable. Para reprimir, invente algo que no tenga nada que ver con una orden.

8. Si su perro hace una trastada, no lo llame para castigarlo. Atrápelo sin hablar, para reprimirlo como usted considere oportuno. Si lo llama para acto seguido, castigarlo, nunca llegará a tener el control necesario en una orden tan importante como la llamada.

Mi esposa tenía hace años, una pastora alemana a la que era imposible recuperar en la calle una vez que la había soltado de la correa. El mero hecho de sacarla por la noche a orinar, llevaba consigo perseguir a la perra por toda la ciudad. Yo entonces estudiaba la carrera en Zaragoza y cuando venía en vacaciones, mi novia (hoy mi esposa) me convencía para que paseara a su perra.

A la segunda vez que el animal me toreó indagué el motivo de esta conducta. Nadie sabía nada ni me ofrecían una explicación que justificara aquella manía hasta que, un buen día, la perra en mi presencia orinó en el suelo del apartamento. Mi novia la llamó, el animal se hizo la sorda, la volvió a llamar en tono de enfado y la perra sin más escapatoria que el estrecho pasillo, se acercó a su dueña con el rabo escondido y las orejas gachas.

Me dediqué a llamarla y premiarla hasta que llegó el momento en el que la perra acudía a mí incluso cuando hacía una faena. Entendió que pegándose a mis pantalones, acababan todos los problemas y sus pecados le eran perdonados pero, no acudió nunca a la llamada de mi novia, hasta que murió con diecisiete años.

9. No aburra a su perro con caricias. Administreselas con tacañería para que, de esa forma, sea el animal el que busque la presencia y compañía de su líder y no al revés.

10. Tenga mucho cuidado con que Truco discrimine perfectamente el premio del castigo aprendiendo con claridad los conceptos de Bien y Mal.

Paulov provocaba la Neurosis experimental en perros de laboratorio con el método de la no discriminación del premio y el castigo. Para eso, hacía observar al animal una mancha elíptica proyectada en la pared y a continuación le premiaba cuando movía la patita. Luego le proyectaba una circular y le castigaba. Cada vez la elipse se iba haciendo más circular hasta que llegaba un momento en el que el perro no distinguía entre circunferencia y elipse es decir, entre el premio y el castigo. En ese estado muchos perros sufrían convulsiones y algunos llegaban a enfermar.

11. Las expresiones de alegría del dueño deben ser algo exageradas para que Truco las distinga perfectamente de los estados de enfado. Quiero decir que si usted, amable lector, va por la vida con “cara de póker”, procure quitarse esa máscara durante los veinte minutos de adiestramiento, su perro se lo agradecerá.

El tema del adiestramiento podría ser en sí, objeto de un libro mucho más denso que el compendio de todos estos artículos. Yo publiqué uno en compañía de dos adiestradores profesionales, que es utilizado en España como texto oficial de cursos de Adiestradores.

Realmente no va dirigido a usted que solo pretende conocer a su amigo y convertirlo en una continuación de su civismo y educación. Su objetivo es la formación de aquellos que querían ejercer de profesionales pero usted, con toda seguridad estará en ese noventa por ciento de los que no quieren serlo y entre los cuales, mi incluyo yo.

Un último consejo; disfrute del adiestramiento de su amigo. Si no lo hace, él no estará cómodo y usted estará perdiendo el tiempo.

Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
Diplomado en Estudios Avanzados Universitarios de 3º Ciclo (línea de investigación; comportamiento animal y humano). Asesor y terapeuta en comportamiento animal (título propio de la Universidad de Granada). Estudió Etología en el Departamento de Biología animal y Ecología de la Universidad de Granada. Fue Fundador y Presidente de AEPE (Asociación Para el Estudio del Perro y su Entorno). Autor de cientos de artículos, y de los libros "En los Bancales del Sur", "HUTA" y "La Etología del Perro".
Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros
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